La plata no se come

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Escribe: José Martínez

 

El crecimiento económico es un elemento decisivo para sacar a la gente de la pobreza e incorporarla al desarrollo. Este, como resultado del esfuerzo individual y la mejor administración de la cosa pública.

Tal premisa está inserta en la nueva conciencia moral del mundo, para la que resulta imposible aceptar la realidad planetaria en la que más de mil millones de personas están privadas de un nivel de vida mínimamente digno.

 

Cada vez más personas en el mundo están en escucha de la sabia apreciación de ilustres aborígenes que sentencian, la plata no se come.

A la hora de elegir si el hambre apura, entre un plato de arroz o un fajo de billetes, resultará más atractivo el humilde plato del cereal antes que los presuntuosos billetes.

La necia decisión de sobrevalorar el dinero por el dinero se ha extendido en el orbe como un reguero de pólvora,por lo que debemos rendirnos ante la inconsciencia de una suicida tendencia. La gente prefiere sobrevalorar al dinero, reduciendo el apoyo a una política de acceso equitativo a las oportunidades y a los bienes. 

El mundo de los carenciados y el de los de buen pasar, está cada vez más ensanchado, cada uno por su lado.

La brecha entre pobres y ricos está transformando nuestro hábitat planetario en un lugar insalubre e inseguro.

El consumismo y las ambiciones desmedidas y su antítesis la pobreza, constituyen componentes de un cóctel explosivo cuya secuela será una pesadilla para la humanidad.

Los pobres, evidencian el fracaso de aquellas políticas públicas encaradas por gobiernos tan rapaces como ineptos.

Es burla a la inteligencia humana que los gobiernos presenten sus estadísticas con tan abultado número de pobres, como si ello fuere el resultado de un natural determinismo. Empeora esto cuando seguidamente hacen gala de sus cuantiosos logros qué, arguyen, fueron posibles gracias al acierto en sus gestiones.

Ninguna gestión gubernativa puede ser aceptada como meritoria si ésta no sirve para erradicar la pobreza. ¿Qué razón tendría la acción política, si ella no fuera la herramienta para hacerla desaparecer?

La indigencia de un pueblo se torna más amarga en la medida que es utilizada como inspiración ideológica para emprender aventuras, cuyas metas ocultas revelan las exacerbadas ambiciones de poder que mueve a los tiranos.

El desarrollo es esa dinámica presente en todo el proceso de la vida. De niño nos transformamos en jóvenes, de jóvenes nos tornamos adultos y así, llegamos al final de nuestras vidas gracias a que nunca lo hemos truncado. De igual forma el desarrollo económico y social de un pueblo no debería interrumpirse, el hacerlo lo transforma en pobre.

 

Todo gobierno que se precie de ser fiel a sus promesas, debe obtener el desarrollo para su pueblo. Imperiosamente debe concretarlo, es el único antídoto eficaz contra la pobreza.

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