El país con mayor disponibilidad, en números, de energía eléctrica per cápita en el mundo, como es el Paraguay, paradójicamente se encuentra en Sudamérica en los últimos lugares en cuanto a consumo per cápita, lo cual arroja un saldo negativo en el gerenciamiento que se ha hecho del sector energético por parte de los sucesivos gobiernos desde que comenzaron a generar las grandes represas de Itaipú y Yacyretá.
Paraguay también es uno de los primeros exportadores, si no el más importante, de electricidad en el mundo, por la cesión que hace de una gran parte de su disponibilidad en ambas represas tanto al Brasil como a la Argentina.
Por esta “venta obligada” a sus socios condóminos, el país recibe una compensación que resulta a todas luces insuficiente, por lo que se planteó mucho en los últimos años la disyuntiva de oro entre el precio justo o la libre disponibilidad de la energía para consumirla en forma creciente en un proceso interno de industrialización u ofertarla a valores de mercado a otros países.
Lo cierto es que no ha cambiado casi nada en 30 años de vigencia del régimen de explotación de ambas mega usinas, saliendo ampliamente beneficiados los dos grandes países copropietarios, con el Paraguay como propietario del 50 por ciento de la energía recibiendo migajas en términos de “beneficios”.
La falta de inversión
El director brasileño de la Itaipú Binacional, Jorge Samek, había dicho la verdad cuando expresó que el Paraguay mal podría pretender consumir más la energía generada, por no contar con inversiones suficientes en redes de transmisión y distribución. En forma inaudita, desde hace unos 20 años el Gobierno paraguayo así como la Ande (Administración Nacional de Electricidad) dejaron de planificar el acompañamiento estricto del crecimiento de la demanda eléctrica provocada por el aumento del Producto Interno Bruto (PIB), como había ocurrido en décadas anteriores.
Esto fue hasta tal punto desastroso para la economía nacional que la falta de electricidad en cantidad y calidad adecuadas para satisfacer la demanda creciente se están observando en varios puntos del país, como el caso de Salto del Guairá, que está teniendo una verdadera “explosión” de actividad económica pero con desabastecimiento de energía, lo que se constituye en un “cuello de botella” que impide un mayor incremento de las inversiones principalmente comerciales y la creación de empleos en la región fronteriza con el Brasil.
Precisamente las insuficientes inversiones son las que lastran la economía paraguaya, especialmente en infraestructura vial y energética, que a su vez se convierten en una causal de atraso general del país, ya que estos factores son esenciales para impulsar el crecimiento y la generación de riqueza.
La instalación de la primera línea de 500kV entre Itaipú y Asunción ha venido a demostrar que no sólo hace falta la infraestructura de transmisión eléctrica adecuada, con miras a evitar apagones durante el verano en el área metropolitana, o para ofrecer un abastecimiento permanente y seguro de electricidad a las industrias, sino también para contar con una red capaz de absorber una mayor cantidad de energía con miras a una sustancial utilización mayor de la electricidad generada en las usinas binacionales.
Son bellos los discursos y planteamientos que se hacen, muchas veces con grandilocuentes frases, sobre la necesidad de ejercer la soberanía energética de los recursos en condominio con Brasil y Argentina, pero, en realidad, es poco o casi nada lo que se ha hecho para dotar al país de una red eléctrica nacional con posibilidad de posicionarlo en condiciones de negociar de igual a igual con sus vecinos, en base a la capacidad instalada de transmisión y distribución de electricidad.
Sería otra la realidad energética nacional si existieran más líneas de 500kV, como la que podría unir Yacyretá con Asunción, e Itaipú con Yacyretá, lográndose una interconexión que permita por primera vez al Paraguay poseer la capacidad de gestionar plenamente su disponibilidad energética y, al mismo tiempo, poder ofertar su energía a precios de mercado en un sistema abierto regional sudamericano. Con un Ministerio de Energía, con el ente regulador eléctrico, con una mesa de despacho de la energía a precio mayorista, con operadores eléctricos en igualdad de condiciones con la estatal Ande y con una administración honesta y transparente de la empresa pública en competencia con el sector privado, la realidad de un Paraguay que saque pleno provecho de su energía abundante, se estará en presencia de un ejercicio verdadero de la soberanía energética, que hasta ahora sólo es contenido teórico de hermosos discursos políticos de barricada. La opción que se consolidó hasta el momento es tener un sector energético sin rumbo, carente de planificación para el uso de la energía y para su eventual venta a los países vecinos a precios reales y con una Ande sumida, como otras entidades estatales, en el despilfarro, la corrupción, el clientelismo y el amiguismo.
Con esta realidad es poco lo que se podrá hacer para tener una red nacional eléctrica eficiente y capaz de satisfacer la demanda creada por el crecimiento económico.
Escribe: Luis Alen
lusialgo@yahoo.com





























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