La victoria del independiente Miguel Prieto a la intendencia de Ciudad del Este es un ejemplo y una gran lección cívica para todo el pueblo esteño y el país, que la ciudadanía ha puesto tolerancia cero a la corrupción.
Eso quedó demostrada con la justa eleccionaria celebrada el domingo 5 de mayo último, que la gente ya está cansada del clientelismo político, la prepotencia, la humillación y el despilfarro de la plata del pueblo, donde una casta o clan político se apropia de los recursos públicos, para tornarse multimillonario, como la familia Zacarías, donde hoy varios de sus miembros están procesados e imputados por varios delitos.
Muchos dicen que lo ocurrido en Ciudad del Este es el mazazo final para el clan Zacarías, que cada vez está más hundido y odiado por la población esteña, a la que sometió a su antojo durante 18 años, sin que ningún gobierno de turno se haya ocupado de la barbarie de este grupo, que políticamente hoy está en el ocaso, pero jurídicamente varios de sus integrantes, comenzando por Javier Zacarías, aun no recibieron el castigo justo que se merecen.
La victoria de Prieto no es poca cosa. Puso fin a 62 años de hegemonía colorada en Ciudad del Este. Su triunfo dejó un mensaje más que claro, que la corrupción ya tiene expedido su certificado de defunción, y aquel que quiera seguir utilizando esta nefasta práctica para embaucar a la gente, siempre tendrá una respuesta firme de la ciudadanía, para castigar con votos en las urnas el “pó pindá”.
Queda más que evidenciado la madurez cívica que ha adquirido la población paraguaya. El domingo 5 de mayo se demostró que para llegar a una victoria, no se necesita de gigantesca infraestructura, mucho dinero, ni partido político centenario. Se necesita de decisión y voluntad real de cambio. Prieto fue claro al afirmar, que gran parte de su triunfo estuvo en la alianza del candidato colorado con los impresentables dirigentes primer anillo de Javier Zacarías Irún.
Ese fue un mensaje claro que el pueblo estás más que cansado de la corrupción, del manoseo, la intolerancia, y principalmente, de la prepotencia de las autoridades, que una vez erigido en el poder se olvida de su gente, como lo hizo el clan Zacarías, cuando en el 2001 tomó la rienda de la municipalidad, para que con el correr de los años transformarla en un negocio privado de los Zacarías y su entorno facineroso. Lo que ofreció el flamante nuevo intendente de Ciudad del Este, Miguel Prieto, fue una verdadera lección cívica para los paranaenses y todo el Paraguay.




























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