Los 70 años del Guaraní y su necesaria reconversión

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Están lejanos en el recuerdo, para los que ya pintamos canas, los tiempos en que el sueldo mínimo era de 5.000 guaraníes. Es decir, la época en que la moneda nacional valía realmente y no era necesario utilizar tantos billetes con muchos ceros, como ocurre ahora, para realizar cualquier transacción, por más pequeña que sea. Con el transcurrir de los años, a partir de la década del 70, el Paraguay empezó a sufrir ramalazos como la subida en los precios del petróleo y la inflación producida por el gran impacto de las divisas de Itaipú en una economía muy pequeña en comparación a la gran obra de la represa binacional. Todo lo cual condujo a la progresiva desvalorización del Guaraní, que establecido en 1943 inició una espiral inflacionaria que tuvo sus disparadas tanto en dicha década como en las siguientes, hasta llegar nuevamente a una relativa tranquilidad, debida en parte a una política macroeconómica bien llevada por los sucesivos gobiernos desde 2003.
La esencia de una moneda es servir de medio de pago que facilite los movimientos de la producción de bienes y servicios en la economía. Para este fin debe reunir los requisitos de confiabilidad y estabilidad, con lo que se asegura la previsibilidad y la confianza de los agentes económicos, especialmente para una planificación de los negocios a corto, mediano y largo plazo.
En 70 años de vida, el Guaraní pasó de ser administrado por el Banco del Paraguay al Banco Central del Paraguay, siendo éste último ente rector de la política monetaria el encargado de dotarlo de los elementos que hacen a su prestigio de ser la moneda más estable de Sudamérica en más de dos tercios de siglo, que nunca tuvo que pasar por una hiperinflación ni una quita de ceros en un proceso obligado de reconversión monetaria.
Se impone ahora un cambio
En atención a las funciones relevantes que cumple en la economía, la moneda paraguaya precisa ahora de una reconversión necesaria para reforzar su adaptación a los nuevos tiempos signados por un alto crecimiento y el mayor volumen de las transacciones entre los agentes productivos, por lo que entra a tallar el elemento de la comodidad para los registros contables, quitando tres ceros a la moneda nacional como una forma de facilitar los cálculos y las anotaciones más veloces en los que se utiliza el signo monetario paraguayo.
Como ejemplo sobre la dificultad que implica el manejo de las grandes cifras en la contabilidad, aparece el caso del presupuesto nacional, cuyos totales alcanzan ya cifras astronómicas, de billones y miles de millones de guaraníes, debiendo necesariamente realizarse en dólares americanos la comparación de los grandes apartados e ítems en que se compone el cálculo de ingresos y gastos del Estado.
Otro aspecto importante a tener en cuenta es que con la reconversión monetaria no se está dando una imagen de debilidad de la moneda nacional ni mucho menos, puesto que ocurre todo lo contrario, dado que se reforzará una realidad de progresiva valorización del signo monetario nacional, en momentos en que está efectivamente en curso, en los últimos años, una apreciación real del Guaraní frente al dólar así como ante otras monedas.
La reconversión monetaria, con la supresión de los tres ceros, será un proceso necesario a afrontar, y ayudará a sincerar la economía, toda vez que el Guaraní necesita volver a ser un gran facilitador de las transacciones económicas, sin perder su condición de única moneda nacional que ha mantenido la estabilidad sin hiperinflación en toda Sudamérica, a lo largo de sus años de vigencia.
También resulta infundado que la reconversión hará que aumente la inflación, por cuanto la política de control del nivel de precios se halla muy bien conducida actualmente por el BCP.  Sólo resta esperar que la gente se acostumbre rápido a la quita de los tres ceros.

 

Escribe: Luis Alen
lusialgo@yahoo.com

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