Mala política y violencia en cuestión de género

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Escribe: Gloría Carolina Ramírez F.

La política que no tiene ninguna preocupación por el bienestar de las personas y que no promueve la igualdad y la inclusión social de los individuos que lo llevan a exponer a la pobreza, la miseria es una reacción de este flagelo. En el  mundo que nos rodea, millones de personas sufren la falta de alimentación adecuada, y por ende se visibiliza el hambre y la desnutrición.

La escasez de alimentos, la falta de semillas de buena calidad y la no provisión de una adecuada tecnología agrícola, tierras estériles, almacenamiento de granos pobres, y la producción insuficiente para la población,  se caracterizan como los principales problemas de la mal nutrición en este mundo globalizado.

Las personas mueren de hambre, debido a la mala distribución del ingreso y la carencia de políticas públicas, orientadas a las necesidades básicas de la población.

Gran parte de la economía en los siglos, ocultó el desarrollo de políticas para combatir el hambre. Sin embargo, anunció la libertad civil y política. Históricamente la apelación de las libertades civiles y derechos políticos no están presentes en las acciones formales en contra de la ostensible falta de alimentación a la sociedad.

¿Cómo se puede defender los derechos civiles y políticos si existe hambre y miseria en la población? Entendemos que la democracia en que vivimos debería buscar la fórmula necesaria para prevenir el hambre y luego señalar la defensa de los derechos civiles y políticos.

Un desarrollo democrático y económico puede proporcionar seguridad económica a la población. Mirando con ojos críticos se puede decir que este tipo de desarrollo económico aumenta y revitaliza  el derecho democrático a la libertad de hecho.

No tener dinero para comprar comida, el mínimo necesario para la supervivencia humana, es una violación  de las libertades individuales de las personas. El desarrollo económico debe ser la ampliación de la libertad y no causando dificultades a los seres humanos.

La pobreza afecta a la salud, no permite que una alimentación adecuada sea visible y por ende perjudica el rendimiento escolar; no favoreciendo a las condiciones adecuadas de vivienda.

En fin, lleva a la exclusión social y la falta de participación. Las dificultades se producen en países en desarrollo y desarrollados. Observemos los datos de ingresos, la salud, la educación de personas en el mundo, que se caracteriza como la pobreza multidimensional.

Este factor, la pobreza que señalamos en gran parte de este comentario es uno de los factores que hoy día lleva a la producción de violencia en las comunidades y en las ciudades de nuestro país. Debemos enseñar a la población en general y máxime  a nuestros varones que la violencia es una actitud que se aprende y va en aumento en el hombre, con el paso de los años. Muchos hombres que no consumen ningún tipo de estupefacientes también son violentos, y cuando es así el hecho de consumir el alcohol u otro tipo de droga, no justifica bajo ninguna excusa que vayan a golpear, maltratar o abusen de una mujer.

Sea de la condición social que fuera, tomando como base la edad, la cultura, la experiencia y la sociedad en sí, no son factores detonantes para señalar el aumento de la violencia intrafamiliar en nuestra sociedad actual.

 

Luchemos juntos por la paz en las familias, un diálogo fraterno entre padres e hijos y  una convivencia armoniosa entre hermanos y vecinos. Todo es posible si nos proponemos como humanos a valorar la vida, la familia y la comunidad. El Estado y las políticas públicas, deberían ser apenas un soporte para el bienestar social, es por ello que cada uno debe comprometerse en mejorar su actitud ante los desafíos sociales, evitando la violencia y aumentando la tolerancia en base a la tolerancia entre gente civilizada.

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