El presidente electo Mario Abdo Benítez debe tener mucho temple y aplomo ante la presión que viene ejerciendo Horacio Cartes para buscar jurar como senador activo, en clara violación del artículo 189 de la Constitución Nacional.
Durante todo el periodo gubernativo de Cartes, el mandatario intentó sobrepasar el orden jurídico, quebrantando de esa manera la institucionalidad de la república. Su afán de querer perpetuarse en el poder produjo levantamiento popular, que generó hasta baño de sangre, con el asesinato del joven Rodrigo Quintana, ocurrido en marzo del 2017.
A pesar de todo lo ocurrido aquel mes de marzo, cuando intentó forzar por la vía torcida su reelección, Cartes se encontró con una muralla infranqueable de la ciudadanía paraguaya, que salió a la calle, para gritarle ¡no a la violación de la Carta Magna!
Sin embargo, hoy nuevamente quiere seguir por el camino torcido, intentando jurar como senador activo, por más que haya un claro impedimento de la Constitución, que sólo le permite ser senador vitalicio, una vez culminado el mandato.
Para el actual presidente importa poco poner en peligro constante la institucionalidad del país, con tal de lograr y materializar sus apetencias personales. Las próximas autoridades gubernamentales, encabezada por Mario Abdo Benítez, no tienen que dejarse chantajear por el cartismo y por el propio Horacio Cartes, quien está dispuesto a recurrir o utilizar todas las vías legales y torcidas, con tal de complacer su obsesión por el poder.
Eso ya quedó demostrado cuando en marzo del año pasado intentó, por la vía de la enmienda, lograr su reelección, en clara violación a la Constitución. Pero el pueblo paraguayo en aquella ocasión le dijo no, y hoy nuevamente se presenta un escenario bastante peligroso, en que desea jurar como senador activo, a pesar de que está impedido en hacerlo.
La semana pasada un grupo de senadores de Colorado Añetete ya le dio la espalda, porque no están dispuestos a sobrellevar sobre sus hombros la pesada carga del pisoteo a la Carta Magna. Pero Cartes insiste y hasta está recurriendo a elementos extorsivos para hacer cambiar la opinión a algunos legisladores, que le cerraron la compuerta, por donde desea ingresar para atentar contra el estado de derecho.
El nuevo gobierno, que se instalará en el país, a partir del 15 de agosto, está obligado de lavar el rostro de este país tan golpeado y vilipendiado por sus propias autoridades. Muchos de los gobiernos pre y pos Stroessner utilizaron al Paraguay como preservativo, perpetrando negocios oscuros y burlándose del pueblo, con tal de lograr los objetivos torcidos, amparados en la impunidad, principal incentivo para la corrupción.
El presidente electo conoce más que nadie cómo se manejó el país en este gobierno que se va, donde Cartes se dedicó a brindar respaldo a su entorno político y amigos, para perpetrar sus fechorías, típico de un país de gángster. Marito tiene que dar vuelta la página, trabajando en serio, para cambiar el rostro de esta vapuleada nación guaraní. Marito debe tener mucha agalla y temple, y no le debe temblar la mano para tomar decisiones, en pos de un Paraguay más equitativo y desarrollista.




























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