Marito deberá auditar los negociados oscuros de HC

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Escribe: Luis Alen.

Para no convertirse en cómplice de la pesada herencia de HC, Mario Abdo tendrá que deslindar responsabilidades y someter a una completa auditoría la gestión del continuado déficit en las finanzas públicas, financiado con los bonos soberanos, durante la era cartista. Pese a este galopante endeudamiento, volvieron a quedar pasivos que ahora el nuevo gobierno deberá enfrentar con muy escasos recursos de origen tributario.

 

Si no investiga a fondo lo dejado por el cartismo en la administración pública, Abdo podría convertirse en cómplice de Cartes, o, peor aún, ser manejado por éste para, en nombre de una supuesta gobernabilidad, imponerle un cerrojo para no ser investigado por los organismos de control y la fiscalía de delitos económicos.

Llegó el momento de la verdad para Marito, que de las palabras deberá pasar a los hechos ya con la lapicera en mano, para marcar diferencias con el estilo de gobernar autoritario del que hizo gala Horacio Cartes, sabiendo que la ciudadanía movilizada estará vigilando sus acciones con el fin de restaurar la institucionalidad perdida en la República por la aventura cartista.

Es que la intentona de mantener el poder por parte de HC a como dé lugar, con la reelección fallida o con la senaduría activa “trucha”, tuvo que ser neutralizada con la lamentable reculada del abdismo en temas muy candentes para el futuro del país como la aprobación de las reversales del tratado de Yacyretá o con la defensa corporativa del tendal de legisladores investigados por corrupción, pertenecientes tanto a la ANR como a la oposición.

La renuncia del diputado José María Ibáñez fue sólo una concesión graciosa a la avalancha de la indignación que ganó las calles y amenazaba con enturbiar los festejos de la toma de posesión de Marito, pero la continuidad de los escraches a Óscar González Daher y “compañeros procesados”, está indicando que ya no se tolerará por parte de la gente ningún blindaje que otorgue impunidad a miembros de la clase política sospechados de corrupción que estén siendo investigados por la justicia.

Tampoco la ciudadanía honesta acepta que se siga apoyando a los impresentables de la política, varios de ellos ligados a oscuros negocios en los que la mafia del narcotráfico y del lavado de dinero, sentaron sus reales en el manejo del Estado, habiéndose denunciado con razón la supremacía creciente de la narcopolítica en la era HC.

Esta actitud de los ciudadanos obliga al nuevo presidente a salir de su deliberado silencio a una postura más activa de acompañamiento a la marea ciudadana en pro de la vuelta a una plena vigencia de la civilidad y la legalidad en la vida pública paraguaya.

 

Revisar lo actuado por HC

El tema de Yacyretá así como la lucha contra la impunidad de los políticos, quedan como tragos amargos iniciales de la  ciudadanía y como un angustioso pasivo inicial en la inauguración de la gestión de Marito, pero el nuevo mandatario tiene aún tiempo de enmendar su camino, tal como había prometido hace algunas semanas, respecto a que revisaría las medidas adoptadas por Cartes, si necesario fuere a los altos intereses nacionales.

En lo que hace referencia al estilo de gobernar cartista, es cierto que la mayor transparencia permitió, por ejemplo, que la prensa y la ciudadanía tuvieran acceso a cotejar los ingresos de los funcionarios con sus egresos personales, lo que posibilitó que se llegara incluso al proceso contra el ex fiscal general, ahora prófugo de la justicia, Javier Díaz Verón.

Pero aún queda mucha tela por cortar, ya que habrá que ver si Marito se anima a escarbar en los oscuros manejos de los ministerios y entes públicos en la era cartista, toda vez que existen sobradas sospechas de adjudicaciones para favorecer negocios del grupo empresarial de HC, dada la presencia muy activa entre bambalinas de los gerentes del mismo conglomerado de empresas vinculado al ex presidente.

El caso emblemático de la gestión cartista es, por ejemplo, la denuncia que había hecho Primera Plana de la gestión en Petropar de un gerente “ad hoc” puesto allí por el grupo Cartes, de nombre Carlos Rubén Cañete Tarman, quien era el verdadero hombre fuerte del ente, encargado de direccionar el negocio petrolero hacia los intereses del grupo empresarial del poder, en detrimento de la libre competencia entre las distribuidoras de combustibles.

Todo esto para convertir al ente estatal en juez y parte de un mercado totalmente copado que favoreciera a la empresa del Estado, pero que en definitiva no servía para beneficio del público consumidor sino, como se vio después, con el fin de dominar un negocio suculento para el grupo en el poder, que pasó a controlar el proceso completo de comercialización de los hidrocarburos, desde el flete fluvial hasta el negocio del gas, pasando por la instalación de estaciones de servicio en “seccionales coloradas” con base en el monopolio impuesto a las empresas distribuidoras privadas, al quedar cautivo un 50 por ciento del mercado mediante los decretos inconstitucionales que se conocieron a mediados de 2015.

Una sola empresa privada, Petrobras, se animó a acudir a la justicia a atacar de inconstitucional la medida del gobierno de HC de confiscar una parte del mercado petrolero, a los fines del poder cartista, pero un juez sumiso a las órdenes de Cartes rechazó la presentación. Se abría así el horizonte para la reelección y la dictadura del cartismo, y la brasileña Petrobras no tuvo otra alternativa que retirarse hace un año del negocio en territorio paraguayo, vendiendo sus activos a la empresa paraguaya Copetrol.

Lo ocurrido con Petrobras y el negocio petrolero demostró la inseguridad jurídica rampante en el país durante la gestión cartista, haciendo que muchas otras inversiones extranjeras quedaran en “stand by” y sólo se animasen a venir por aquí inversores aventureros o capitales producto del lavado de dinero de los paraísos fiscales, lo que fue confirmado después con la publicación de los PanamáPapers o tras las revelaciones del caso Messer, entre otros clamorosos escándalos.

El dato concreto es que las inversiones extranjeras directas fueron menores en la era Cartes, comparando con la mayor radicación de capitales foráneos en la época de Fernando Lugo, un exponente de la izquierda pero que, por lo visto, suscitó mayor confianza de los capitalistas extranjeros, que la otorgada a Horacio, de quien se tuvo siempre la desconfianza porque favorecía antes que nada sus propios intereses empresariales, en los negocios santos y no tan santos, tal como quedó expuesto en sonados hechos de profusa publicación en la prensa.

 

¿La  venganza cartista?

Mientras se va desmoronando el poderío cartista, en medio de los escraches masivos contra sus exponentes del Parlamento y el propio HC, surge la pregunta si la gobernabilidad de Marito dependerá en última instancia de un pacto con Cartes, quien todavía puede influir sobre el nuevo gobierno en razón que aún cuenta con el manejo de la junta de gobierno de la ANR y de algunos resortes a control remoto de la administración estatal.

El principal legado cartista no es precisamente, como se quiere citar con frecuencia, el dato de las mayores obras de infraestructura que las realizadas en períodos gubernativos anteriores o el crecimiento continuado del PIB (Producto Interno Bruto) entre 2013 y 2018, sino el condicionamiento que tendrá Marito de los procedimientos tendientes a financiar el déficit de las finanzas estatales, a través de la emisión de bonos y los tarifazos en los servicios públicos, como la ANDE y ESSAP, sospechados de grandes negociados corruptos.

No se entiende tampoco que con tanto endeudamiento público casi triplicado en cinco años, no se lograra reducir el pasivo existente con las empresas farmacéuticas, por US$ 150 millones, o las demandas que habrá por todos estos desaguisados, incluidos los honorarios a pagar a los abogados, como el caso de Javier Parquet, vinculado tanto a estas empresas privadas como al nuevo ministro de Hacienda, Benigno López, medio hermano del presidente Abdo Benítez.

Es toda esta maraña del alto costo de la corrupción y del creciente gasto estatal sin justificación, como la cada vez mayor existencia de planilleros y gente sin ocupación definida en las reparticiones públicas, lo que lleva a pensar que la pesada herencia de HC se constituirá en la verdadera “vendetta” de éste contra las posibilidades de un buen gobierno de Marito, y como el as oculto bajo la manga que podría tener el cartismo para azuzar el fantasma de la división colorada para la posterior vuelta al poder nacional.

Sin embargo, la lapicera de Marito puede constituirse en el arma efectiva para ir afirmando el poder abdista, de tal forma a contrarrestar los movimientos tendientes a evitar que vuelva a resurgir el cartismo a partir de la lucha por el poder partidario colorado de cara a la interna de 2020 y las elecciones municipales de finales del mismo año.

 

De allí que el flamante ocupante del sillón de López tendrá que usar mucha cintura política, mezcla de sagacidad y medidas valientes para desarmar todo este entramado que puede ser la trampa mortal para una saneada administración pública, que es la que se espera con tan buenos augurios en el inicio de la gestión de Mario Abdo Benítez.

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