Escribe: Luis Alen.
La aceptación o no de la renuncia de HC ya no sería un tema muy apremiante para Mario Abdo Benítez, sino más bien cómo limpiar el “campo minado” que le deja HC como herencia, al decir del futuro ministro del Interior, Juan Ernesto Villamayor. Para ello, Marito tendrá que necesariamente arreglar con la oposición en ambas cámaras del nuevo Congreso una línea de acción contra la impunidad cartista.
Mientras el gobierno saliente cartista es sacudido por escándalos de coimas, negociados de última hora y el “sálvese quien pueda” de funcionarios que dejan despavoridos el barco en hundimiento, HC insiste tercamente en imponer su “rumbo” a Marito, con la complacencia de algunos senadores de Añetete, que le siguen cortejando hasta el final, pese a ser casi inminente el ocaso político del tabacalero.
Tal vez algunos de los senadores abdistas tratan de mantener cohesionada a la futura bancada en Diputados y en el Senado, ya que no se entiende de otro modo el proceso de acercamiento a Horacio, a la vista de que tampoco ya funciona la plata, como lo evidenció el senador Jorge Dos Santos, quien rechazó una oferta de 500 mil dólares del “Padrino” para aportar los votos necesarios que permitan convertir a Cartes en senador activo.
A Marito evidentemente le tiene ya sin cuidado HC, porque es un hecho que a falta del apoyo cartista en ambas cámaras, el nuevo presidente tenderá lazos con la oposición, con la cual había hecho buenos entendimientos cuando el tema de la frustrada enmienda, el año pasado. Además, con la lapicera en mano, es también una realidad que podría contar con votos colorados adicionales procedentes del cartismo, a medida que avanza su gestión.
Transición traumática
No podía ser más traumático el proceso actual de traspaso de mando de la República, entre miembros de un mismo partido, en este caso el Colorado. Además de interminable, la transición de la entrega de mando engloba un cúmulo de negros nubarrones de lo que le espera a Marito Abdo, después que Horacio Cartes le preparase nada menos que un auténtico campo minado que debe limpiar el flamante presidente electo cuando asuma el 15 de agosto.
Pero la lucha ya empieza ahora, para la conformación de las mesas directivas del nuevo Congreso, que a su vez está pendiente de lo que ocurra con el impase de la falta de votos para la aceptación de la renuncia de HC. Son febriles las negociaciones en los últimos días, entre exponentes de Colorado Añetete y el cartismo, para llegar a un entendimiento, que se hace difícil en la medida en que Horacio sigue tratando de imponer las condiciones, que directamente implican asegurar la impunidad durante el próximo período de gobierno abdista.
En este panorama complicado, lo que menos le conviene a Marito es comenzar su gobierno con las manos atadas por la necesidad imperiosa de HC de mantener su blindaje incólume, a buen recaudo de las investigaciones y medidas judiciales que se podrían tomar para desenredar toda la maraña de corrupción y negocios turbios de la era Cartes.
En todo caso, es preferible, como lo entiende la mayoría de la bancada disidente en el Senado, que Horacio quede fuera del Parlamento, si es que va a seguir ofertando gobernabilidad a cambio de impunidad.
Mucho que rectificar
El equipo de transición no comenzó aún a activar, pero el gobierno saliente de HC actúa como si no tuviera que rendir cuentas después. Por lo visto, se creen o se creían, inmunes a cualquier investigación fiscal o del Poder Legislativo. Pero la primera comisión de investigación, la relacionada con el caso Messer y los hilos que conducen al poder de HC, está para salir ya en la actual legislatura. Habrá que ver si sigue en la siguiente, como debe ser, y que incluso se la amplíe para investigar los grandes temas que hasta el final del mandato de Cartes movían a medidas inconsultas del gobierno cartista.
Son numerosos los asuntos que molestan a Marito y que tendrán que tener una revisión a partir del 15 de agosto: van desde la liberación de precios de los combustibles hasta el apuro por extender las concesiones de juegos de azar que luego fue rectificado, pasando por las licitaciones con olor a grandes negociados en varios entes, todo lo cual habla del interés por condicionar al máximo los movimientos del nuevo gobierno abdista. Sin olvidar el nombramiento de funcionarios que tiene todo el tufo de asegurar la continuidad de la influencia de HC en el próximo período, lo que se consolidaría aún más si Horacio queda finalmente como senador activo.
El “round” definitivo se tendrá en el nuevo Congreso, donde el gobierno de Marito podrá posicionarse con fuerza frente al cartismo sólo si negocia con la oposición un modus vivendi, que incluirá necesariamente un mínimo plan de gobernabilidad, en el cual entran a tallar las exigencias primarias de la oposición, como la revisión del código electoral, la reforma del Poder Judicial con una Corte Suprema con nuevos miembros independientes de cualquier injerencia política, y, como debe ser, la lucha frontal contra la corrupción y la impunidad, heredadas del gobierno cartista.




























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