El electo presidente de la República, Mario Abdo Benítez, debe prestar el máximo interés al segundo municipio más importante del país, Ciudad del Este, que en los últimos cinco años de gobierno de Horacio Cartes, literalmente, estuvo abandonada a su suerte.
A pesar de las promesas realizadas por el actual mandatario cuando tomó el poder, el 15 de agosto del 2013, de que el citado distrito fronterizo sería transformado en la capital industrial, sin embargo, a poco menos de un mes de fenecer su mandato, lejos de honrar su palabra empeñada, Cartes se olvidó de Ciudad del Este, anteponiendo intereses personales y grupales, por encima de las verdaderas necesidades del pueblo.
Abdo Benítez no tiene que caer en el grave error de su antecesor, ignorando por completo a la capital del Alto Paraná, que, desde hace años, se debate en una terrible crisis económica y comercial. Con todos estos antecedentes Cartes nunca demostró una real voluntad política para revertir el momento delicado que viene atravesando esta localidad fronteriza.
Por muchos años se constituyó en la meca económica del país. Pero los sucesivos gobiernos de turno valoraron poco esa importancia, y el sector mercantil, gradualmente, se fue desinflando al no existir una política de reconversión, colocando a Ciudad del Este en una posición más que difícil, donde hoy el sector trabajador y empresarial sufre las consecuencias.
Marito tiene la responsabilidad y el compromiso de buscar solución al grave problema de Ciudad del Este, atendiendo que esta estratégica zona fronteriza es el pulmón más importante por donde respira la economía nacional. A pesar de ese abono, Cartes nunca demostró interés, y antes que buscar sacar del pozo al mencionado distrito paranaense, otorgó poder e influencia a sus amigotes de turno para materializar negociados a costas de la ciudadanía.
El pueblo paraguayo está con suma expectativa de que Marito pueda poner fin a la mafia política que se empotró en la gestión de Cartes, un presidente que se rodeó de impresentables personajes, a quienes otorgó impunidad y “respaldo” para perpetrar sus “golpes” en perjuicio del Estado.
El Paraguay en estos últimos años estuvo en permanente “oferta”, principalmente, por este gobierno que se va, donde un grupo cerrado de inescrupulosos, con el respaldo y la impunidad del poder fáctico, hizo añico el sueño de muchos compatriotas, que en cada transición presidencial (que se produce cada 15 de agosto) siembra una gran expectativa, de que el país empiece a transitar por el anhelado desarrollo socio-económico.
Sin embargo, esa esperanza, rápidamente, se diluye y la agonía del pueblo se profundiza, cuando las promesas hechas por el gobierno de turno no se cumplen, como ocurrió en ésta administración de Horacio Cartes, que sale por la ventana del Palacio de López.
Uno de los mayores desafíos para el nuevo gobierno de Mario Abdo Benítez será el combate a la corrupción. Este mal endémico, prácticamente, en los últimos tiempos se institucionalizó en el país, donde la clase política y empresarial (con honrosas excepciones) fue salpicada de manera directa. A pesar de denuncias y evidencias, las instituciones y organismos de control nunca demostraron interés para investigar y castigar a quienes se apoderan de los recursos públicos.
Marito tiene la magnífica ocasión de rectificar rumbo. Asimismo de poner su mirada hacia el Este, zona fronteriza que fue devastada por un grupo de rufianes, y para peor, contó siempre con el respaldo político del propio gobierno. El flamante presidente electo debe poner su mirada al Este.




























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