Matemos a la mediocridad

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Las huelgas y manifestaciones de los docentes, nuevamente, jugaron este año una mala pasada a la educación paraguaya. Estos ya tradicionales conflictos gremiales que se registran anualmente en nuestro país, pinta de cuerpo entero el nivel de aprendizaje que pueda adquirir los jóvenes al final del año en esta nación sudamericana.

Hay que partir de una lacerante realidad, que el Paraguay es uno de los países con menos horas de clases en la región, teniendo como principal obstáculo la falta de recursos. Según los últimos datos, apenas el 4.5 % del Presupuesto General de Gastos de la Nación es destinado a educación, comparado con países más desarrollados, donde se gasta entre 15 a 18 por ciento del presupuesto estatal.

La explicación de las autoridades de turno, fue y sigue siendo, que el Estado paraguayo no cuenta con el presupuesto necesario para lograr alcanzar las horas clases, ajustado al estándar internacional. Sin embargo, a la hora del análisis y determinación del presupuesto en el Congreso, se observa un gran defasaje del rubro destinado a educación o salud, dos grandes desafíos para cualquier gobierno que pretende lograr el desarrollo socio-económico en el país.

El calendario escolar indica que las instituciones educativas en el Paraguay deben impartir clases durante 184 días al año- equivalentes a 610 horas de clases. Sin embargo, estos días son reducidos considerablemente año tras año, principalmente por las repetidas manifestaciones de docentes, y en este 2014 no fue diferente, porque, una vez más, se produjeron huelgas y marchas, en reclamos de mejoras salariales.

A esto hay que sumar las famosas “capacitaciones” docentes no calendarizadas, además de los días festivos y feriados, que impiden que el programa completo del año escolar sea desarrollado como corresponde. Al final, los únicos grandes perjudicados son los alumnos, que al terminar el estudio secundario no tienen la base necesaria para hacer frente al desafío de la enseñanza terciaria.

El pobre nivel educativo que reciben los jóvenes, días atrás quedó nuevamente al desnudo, cuando varios docentes reprobaron una prueba de admisión para acceder a cargos de directores de área. Un alto porcentaje reprobó dichos exámenes.

Se imagina en manos de quiénes están recibiendo sus primeras formaciones los chicos. Pero esta deficiencia se repite llegando a la universidad, donde se encuentran con casi la misma realidad, ya que en el Paraguay, últimamente, aparecieron como hongos las universidades privadas, con un estándar de enseñanza bajísimo.

La educación es la gran materia pendiente de cada gobierno que llega al Palacio de López. No es un reto menor, porque se debe romper un esquema que está instalado por años en la sociedad, desde la época de la dictadura, y que hasta hoy no se logra avanzar, porque no existe una verdadera voluntad política y patriotismo de quienes administran el poder en esta República.

El gobierno de Horacio Cartes tiene en su programa de gobierno mayor presupuesto para la educación, pero hasta ahora no se observan mejoras. Continúan las demandas docentes, que con razón o sin razón, siguen realizando manifestaciones en reclamos por “un justo derecho”, sin tener en cuenta que los únicos perjudicados son los alumnos.

El Paraguay, si quiere salir adelante para superar la mediocridad, no tiene otra salida que invertir fuertemente en el sector educativo, como los países desarrollados y algunos en vía de desarrollo, tomando como ejemplo dos naciones emergentes de Asia, República de China (Taiwán) y Singapur, que apostaron decididamente en la educación y hoy son potencias económicas en el mundo. Matemos a la mediocridad, antes de que ella nos mate.

 

 

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