Microcentro: zona liberada

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La inseguridad definitivamente se ha apoderado de nuestro país, sin que las instituciones responsables hayan encontrado hasta ahora la panacea adecuada para poner fin a este terrible flagelo social.
La capital del Alto Paraná, Ciudad del Este, es uno de los distritos más sensible, con relación a la inseguridad imperante. El microcentro, últimamente, ha pasado a erigirse en una zona liberada para los marginales y delincuentes, pasando a convertirse en un verdadero polvorín.
El último sábado 18, en una de las principales arterias de esta región fronteriza de la república, un turista brasileño fue asesinado a sangre fría, tras resistirse a un asalto. Este es el triste y bochornoso espectáculo, que hoy en día transmitimos al mundo entero, desde la otrora capital mercantil del Paraguay.
El malogrado turista fue identificado como Ildo José Ehrig, oriundo de Río Grande del Sur, quien llegó a Ciudad del Este para adquirir algunos productos, pero terminó encontrando la muerte en poder de delincuentes, quienes gozan de total impunidad para aplicar su “golpe”, contando inclusive, en muchas ocasiones, con la complicidad de los desacreditados policías nacionales.
Este triste panorama que se vivió el fin de semana, es penosamente la marca registrada de esta comunidad paranaense, cuya “fama” ya es conocida más allá de la frontera.
Indudablemente, en el microcentro esteño opera una poderosa rosca de facinerosos, que en la mayoría de los atracos aplicados contra los denominados turistas “compristas” cuentan con la cobertura de algunos uniformados, ya sea de la Policía Nacional o Turística. Lejos de dar la bienvenida a quienes visitan la ciudad, quienes deberían de ofrecer seguridad a ellos, se dedican a asaltarlos, sin compasión, en plena luz del día.
A pesar de las reiteradas denuncias efectuadas ante la prensa, que varios agentes de la policía “trabajan” con organizaciones delictivas que operan en el microcentro, casi nunca fueron tomadas las medidas punitivas, porque los tentáculos que los sostienen son largos y poderosos, pasando a formar parte de la galopante corrupción existente en el Paraguay.
El futuro gobierno de Horacio Cartes tiene la enorme responsabilidad de buscar revertir este drama social, que tanto daño ya causó en la sociedad paraguaya. Los sucesivos gobiernos pos-democrático abordaron en su agenda el tema de seguridad, pero nunca aplicaron en terreno con efectividad, cuyo resultado está a la vista, ante la galopante marginalidad que se apoderó de este noble país.
Hay que entender que esta grave situación tiene su explicación en la crisis socio-económica que vive el país, donde la ocupación laboral es cada vez más reducida, tornando dramática la subsistencia de muchas familias paraguayas.
En esta capital fronteriza es sabido que la población está inmersa en un alto porcentaje en el sector comercial, y cuando este rubro no funciona o ingresa en una larga recesión, el problema social se agiganta, como está ocurriendo actualmente. Hay negocios cerrados, con la lógica consecuencia de despidos masivos de empleados.
Estos compatriotas que pierden su espacio laboral, en su mayoría tienen una familia para mantener, y al no tener un ingreso seguro, la desesperación en el hogar se acrecienta, pasando a caminar sobre la cornisa de la marginalidad, como actualmente está ocurriendo con muchos esteños.
El próximo gobierno, sabe perfectamente que una cosa va de la mano con la otra, por lo que tratará de articular los mecanismos de solución a este problema. No obstante, resolviendo el drama del desempleo también se paliará la galopante ola delincuencial.

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