Miseria violenta

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Para más de la mitad de los paraguayos, cada día es de temer, eso de enfrentarse cara a cara con la pobreza mofándose de su dignidad, resulta ser una de las más escalofriantes experiencias del terror. 
La miseria que hoy corroe el cuerpo y el alma de más de 2 millones de infelices, es de la tipología más perversa, y está muy lejos de aquella tímida pobreza, casi benevolente, que afligió a las generaciones  del pasado, las que  con  santa resignación acuñaron aquello de, raída potí o que la pobreza no es deshonra luego.
Los pobres de antes en muchos casos no sabían que lo eran, no existía nada que a cada rato les recordara el dolor de serlo y tampoco muchos argumentos para exteriorizarlo, la tierra no estaba invadida y el mboriahú rybatá no sentía el apuro del hambre y se conformaba con lo suyo, dado que el deseo y la ambición no se cultivaban como prioridades.
Los miserables de hoy son torturados hasta la muerte por la despiadada  estocada publicitaria, que sin miramiento determina quién es quién. La pobreza de hoy deshonra a sus víctimas, les roba su dignidad y  a más de producir vergüenza, saberse parte de ella, inflama los ánimos con frustración e impotencia hasta el límite, donde se empieza a sentir el insanable tufo de la rabia que sigue a la miseria como la mosca al hedor.
Entre las especies el animal humano es un ser superior, pero con el estómago vacío y cuando el hambre duele, lo que de superior pudiera tener se transforma en instinto primario de supervivencia, capaz de actos indecibles para su condición de rey de la creación. Del tipo de violencia que se conoce, la peor de todas es aquella que ejerce el látigo de la miseria.  
Quienes por su condición humana, semejante a las víctimas de la pobreza, se tomen la inmoral licencia de permanecer insensibles ante el drama y más aún, los que tras alzarse con el poder político con la promesa de combatirla, no pueden pretender peras del olmo y deberían darse por enterados que, en la medida del aumento de las  víctimas de la miseria, cualquier célula terrorista con nefastos y violentos propósitos,  amplia sus argumentos  para reclutar soldados.
Poderes fácticos del mundo están reviviendo ideologías muertas y ellas sólo atraparán el interés de quienes perdieron las esperanzas en las instituciones democráticas. Ellos se preguntarán ¿es  democracia este sistema que  sólo crea pobreza, miseria y desigualdad?,  no lo harán con razones que no merezcan ser atendidas. El Paraguay  es uno de los seis países del mundo con mayor desigualdad, tamaña desvergüenza política deberá corregirse más temprano que tarde y más nos vale que nos apresuremos.
El  antídoto contra la violencia que incuba la miseria es el desarrollo y para los que tienen en sus manos el poder político, la plata pública y el privilegio que otorga sus cargos, no debería existir otro propósito.

Escribe: José Martínez

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