El 2014, así como se presenta hasta ahora, quizás sea el año más negro para el comercio de Ciudad del Este. La crisis se apoderó de la otrora capital mercantil del Paraguay, que se adentró en una terrible agudización, con consecuencias nefastas desde el punto de vista socio-económico para los distintos sectores de esta región fronteriza de la República.
A pesar del cuasi aniquilamiento comercial, la capital del Alto Paraná se resiste a morir. Se aguarda que para el próximo año el Gobierno aplique algún proyecto de salvataje, que permita reencausar la vivacidad mercantil de Ciudad del Este, considerada como uno de los principales pulmones por donde respira la economía nacional.
La falta de voluntad política de los anteriores gobiernos y el actual, ha llevado a un estado de abandono a esta localidad fronteriza, que hoy se debate en una terrible miseria socio-económica, dejando a su paso centenares de desempleados, negocios cerrados, y sumando a todo esto, como derivación, el creciente aumento de la marginalidad, pasando a convertirse en un municipio extremadamente peligroso.
El presidente Horacio Cartes tiene el deber de cumplir la palabra empeñada cuando asumió el poder gubernamental, de que su Gobierno daría una especial atención a Ciudad del Este. Sin embargo, a un año y 4 meses de gestión, aun no ha dedicado su tiempo a la capital del Alto Paraná, que se encuentra hasta el cuello bajo el agua, y si no se aplica alguna solución urgente, terminará ahogándose.
No se puede dejar desaparecer a una zona sumamente estratégica del país, desde todo punto de vista. Urgentemente se tiene que encontrar la fórmula que le dé sobrevida a esta ciudad, que lleva en su historia el de haber sido el tercer centro comercial más importante del mundo, detrás de Hong Kong y Miami, respectivamente.
Ciudad del Este experimenta un fenómeno por demás curioso por parte de sus autoridades y de un vasto sector del empresariado local. Los mandamases de turno solo están para servirse de esta comunidad fronteriza y carecen de voluntad para servir y trabajar por el desarrollo del distrito. Desde siempre esta localidad altoparanaense fue, y sigue siendo, la gran vaca lechera del Estado paraguayo, pero, éste, irresponsable e insensiblemente actúa a la hora de apuntalar el progreso de la comunidad.
Este municipio fronterizo necesita recuperar su añorado movimiento mercantil, que alcanzó su pico máximo allá por los años 90-95, donde explosionó el comercio. Hoy sólo quedan vestigios de aquellos momentos pasados, donde el buen pasar económico, prácticamente le sonreía a todos quienes trabajaban en el microcentro de Ciudad del Este.
Hoy, esa época de oro ha tenido un giro de casi 180 grados, donde el comercio esteño ingresó en terapia intensiva, del que hasta ahora no puede salir.
Mientras se aguarda una medida que revierta esta situación, la crisis se sigue agudizando, de manera alarmante, y la situación social se torna cada vez más dramática, sin que hasta la fecha el Gobierno de Cartes haya tanteado alguna fórmula para buscar contener el problema y espantar así el negro panorama económico y social.





























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