Una de las tareas urgentes del nuevo Gobierno será no sólo el reclamo de un “precio justo” o la revisión de los inicuos términos financieros en las deudas de Itaipú y Yacyretá, sino variar 180 grados el sistema de exportación de la energía, haciendo que Paraguay asuma un rol preponderante en el centro de Sudamérica como eje de la integración eléctrica regional a precios del mercado mayorista que rige en los países vecinos.
Ya a nadie escapa que Brasil y Argentina han llegado a un punto en que su crecimiento económico ingresó a un cuello de botella en el que corren peligro de un estancamiento por causa de la carencia de suficiente energía, ya que a falta de nuevas fuertes inversiones deben importar cada día más gas y petróleo, si es que desean no ya mantener tasas de aumento del PIB por encima del 5-6 por ciento anual, sino por lo menos arribar a un precario 1-2 por ciento anual como es el momento actual.
El potencial panorama recesivo en ambas economías tiene como trasfondo una crisis energética que en el caso argentino ya se manifiesta con virulencia atendiendo al hecho de que las importaciones de energía están alcanzando cifras alarmantes como los US$ 12 mil millones del año 2012, que golpean con fuerza para acelerar un déficit en la balanza comercial que ha tenido como consecuencia la fuga de divisas del país y el déficit fiscal, dado el aumento de los subsidios en la economía para hacer frente a la baja en la capacidad de consumo de la población, provocada a su vez por la tendencia a la recesión.
La única salida que tienen Argentina y Brasil es aumentar su producción energética, pero ambos han llegado a ojos vista a un techo difícil de
trasponer, pese a que los brasileños aparentemente pueden incrementar más fácilmente tanto su generación hidroeléctrica con la construcción de la usina de Monte Belo en la Amazonia, así como su producción de gas natural y petróleo en el Presal de su litoral marítimo.
Ocurre lo contrario con la Argentina, que tras la euforia de la nacionalización de YPF se encuentra actualmente en una difícil encrucijada por la imposibilidad de acelerar inversiones en la explotación de gas no convencional, específicamente en el yacimiento de Vaca Muerta, por la carencia de capitales. El Gobierno de Cristina Kirchner tuvo que acudir ahora a la emisión de bonos para captar dólares del mercado negro, cuyo origen no será necesario informar a la oficina de impuestos, ubicando a su país entre los países que convalidan oficialmente el lavado de dinero, a semejanza de algún paraíso fiscal tropical.
Mientras tanto, ambos países tienen hasta ahora al Paraguay como su seguro proveedor de energía hidroeléctrica a bajo costo, siendo Itaipú el equivalente al 20 por ciento de la generación total de Brasil y Yacyretá el 15 por ciento de toda la producción eléctrica argentina. A estos países les ha ayudado la pasividad de la clase dirigente paraguaya, que por décadas le ha permitido a argentinos y brasileños expoliar a la economía nacional mediante el expediente de pagar una factura de bajo costo por la energía que llevan de ambas usinas.
Pero esta situación inicua está llegando a su fin, con la conciencia de que el Paraguay debe constituirse de ahora en más en un activo centro de distribución energética en el centro sudamericano, dejando de lado el pasivo papel actual. Tanto Brasil como Argentina necesitan imperiosamente de Itaipú y Yacyretá, por lo que el cambio de timón en la conducción paraguaya debe ser aprovechado para lanzar un plan de readecuación energética que introduzca el elemento clave de las inversiones prioritarias en gas y petróleo, convenciendo a los países vecinos a entrar en un mecanismo de revalorización de la energía como puntal del crecimiento económico.
En este contexto, se debe propender nuevamente a un acuerdo entre los países de Urupabol (Uruguay, Paraguay y Bolivia) en el marco de la explotación del gas natural boliviano, mediante su industrialización en el Paraguay que convierta el GN en energía eléctrica y para la exportación de gas natural licuado (GNL). Esta utilización del gas para las industrias permitirá que la energía eléctrica así generada se una a la producida por las represas hidroeléctricas del río Paraná y sea vendida por el Paraguay a un precio de mercado, como ocurre hoy con los despachos mayoristas de Argentina y Brasil, en vez de recibir los irrisorios precios que se cobra a nivel de las barras de las dos usinas hidroeléctricas binacionales.
Escribe: Luis Alen
lusialgo@yahoo.com





























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