Nuevo Gobierno tiene el apoyo social para aplicar plan de industrialización

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Ningún Gobierno en la era post-Stroessner ha tenido tanto consenso político y social como el nuevo de Horacio Cartes para aplicar una política de impulso a la economía, basada en la industrialización que posibilite la creación de fuentes de trabajo para la población.
Si bien los sectores sociales, sindicatos y el campesinado organizado, condicionan el apoyo al Gobierno a la no implementación de una reforma del Estado que implique la privatización de las deficitarias empresas públicas, existe el convencimiento general de que el actual modelo de desarrollo basado en el clientelismo político y la corrupción no resiste un minuto más.
Hace años que en el empresariado privado ya se sabía que un Estado succionador de recursos y creador de empleos para absorber la mano de obra desocupada y subempleada, no podría aguantar mucho tiempo, sin que se resintieran las bases mismas de la estabilidad macroeconómica, como ha ocurrido ahora tras la grave crisis fiscal heredada por Cartes del gobierno anterior.
El error de la administración pasada fue aplicar una política anti-cíclica de obras públicas por doquier sin financiación segura, con fuerte tufo a movida electoralista de los liberales, lo que terminó por demostrar que tampoco el “boom” agrícola y ganadero podía servir de mucho ante la poca incidencia de la recaudación impositiva proveniente de estos sectores emblemáticos de la economía nacional. El resultado: un déficit presupuestario sin parangón en la historia reciente del país.
En síntesis, el remedio ha sido peor que la enfermedad, ya que lo que se aprecia en realidad es un crecimiento del gasto estatal por la contratación de más de 50 mil empleados públicos en los últimos cinco años, pero con escasa o nula capacidad de inversión del Estado para facilitar la infraestructura y las condiciones necesarias que a su vez favorezcan el establecimiento de capitales privados que dinamicen la economía, especialmente a través de la industrialización.
En el ámbito tributario, el nuevo Gobierno se ha inaugurado en forma positiva con el apoyo político obtenido para la nueva ley que generaliza el IVA al agro y establece el Iragro, lo que prima facie es sumamente alentador para la consolidación de las industrias procesadoras de materias primas agrícolas, ya que el flamante régimen impositivo incorpora la devolución del impuesto a las empresas que exporten valor agregado.

Apoyo político y social
A pesar del amplio apoyo ciudadano a la decisión del presidente Cartes de conformar una gabinete eminentemente técnico, manifestado a través de las redes sociales de Internet y de encuestas realizadas para el efecto, los dirigentes del Partido Colorado intentaron por todos los medios quebrar la posición firme del jefe de Estado de llevar adelante una reforma del Estado para combatir el clientelismo y el prebendarismo, que son las bases del sistema de corrupción que afecta al desarrollo económico y social.
Afortunadamente para el país, el presidente tuvo la suficiente fuerza de carácter para no ceder a las presiones, con lo que se granjeó aún más el apoyo de la sociedad. Faltaba el consenso de los movimientos sociales, sindicales y campesinos, lo que también se obtuvo con el acuerdo al que arribó Cartes con los principales sectores de trabajadores y campesinos.
Estas manifestaciones sociales de apoyo terminaron por convencer a la clase política, colorados y no colorados, que la única salida que queda es dejar trabajar al equipo de Cartes con el fin de conseguir los objetivos trazados de creación de empleos a través de la alianza público-privada, y así reducir la brecha de pobreza que es otro de los graves problemas del país.
Desde hace 20 años ya se tienen los mismos problemas de infraestructura insuficiente y condiciones poco favorables para la inversión en vista de la persistencia del clientelismo corrupto del Estado, pero se tropezó siempre con la presencia de un Gobierno débil, dependiente de los avatares políticos o, peor aún, del buen o mal humor de algún político –o mismo un militar- con ambiciones desmedidas de poder que ponía palos a la rueda del Gobierno encabezado por el rival a vencer en alguna próxima elección interna o general.
Ahora se tiene un Gobierno fuerte con capital político abrumador y conformado por técnicos de primer nivel. Es hora de dejarle trabajar y apoyar sus buenas acciones.

Escribe: Luis Alen
lusialgo@yahoo.com

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