¿Nuevos rumbos?

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En Paraguay la diferencia entre lo legal e ilegal está dividida por el sutil hilo de las interpretaciones, por lo que todos los hechos están sujetos al arbitrio de lo relativo. 
Vivimos en un país donde cada quien se tomó por norma defender al límite del fanatismo su propia idea de lo legal. Al decir de un abogado amigo su biblioteca profesional está compuesta de la misma cantidad de libros, tanto  castigar al delincuente como también para salvarlo de las penas.
La praxis  jurídica se ha vuelto tan insustancial y manipulable que por su arbitrio deja en libertad a delincuentes y encierra a no pocos inocentes. 
El requisito necesario  para que esto suceda es de cómo  sea  abultada la billetera del reo, sin este detalle, el más inocente podría lucir culpable para la interpretación de la justicia.
Es habitual que ella diligencia con lentitud exasperante los casos de los  pobres y  con una diligencia acelerada en los casos de los pudientes.
El dinero  excita  la movilidad de los expedientes  y la velocidad de los casos dependerá de su disponibilidad. La justicia es una mercancía sujeta al rigor del mercado.
Esta notable perversión de los principios éticos en el ejercicio de impartirla, deja secuelas y la primera es el descreimiento en los fallos judiciales, muchos de ellos huelen al tufo de lo torcido, por lo que sus beneficiarios no pueden evitar la tácita desaprobación de la opinión pública.
Tenemos a muchos que han sido favorecidos por fallos de dudosa justicia que lo han vuelto soberbiamente ricos y despreciables, estas fortunas malhabidas engordan las arcas de militares retirados o en función, además de políticos arribistas y empresarios  que se hacen millonarios de la noche a la mañana.
Pocos de ellos tienen argumentos ajustados a derecho para explicar sus cuantiosas fortunas, fomentadas al margen de la ley y blanqueadas con la violación institucionalizada  de sus elementales  principios éticos.
Es significativa la lista de falsos honorables  que  intentan  rendir cuenta sobre el origen del milagroso patrimonio engrosado por el dinero sucio que ostentan, aun así la mayoría recurre a peroratas en el afán de explicar aquello que luce desde lejos como agua de albañal.
La construcción de un nuevo rumbo para el Paraguay, solo será posible con el sinceramiento de las cuentas bancarias de todos los ciudadanos, y en primer lugar las cuentas de los tramposos que usan el barniz mentiroso de lo legal para disimular el hedor del dinero obtenido de forma ilícita.
El saneamiento de la economía es de rigor, por cuanto que el imperio maligno de la ilegalidad, que permite el enriquecimiento fraudulento de algunos delincuentes, deja sin oportunidad a muchos esforzados paraguayos que apuestan a la legalidad.

Escribe: José Martínez

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