Paraguay debe rever modelo de desarrollo

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La oportunidad de pasar a otro modelo de desarrollo se está dando ahora en el país como nunca antes, no sólo porque ya no funciona el régimen de reexportación de productos importados de Asia, sino porque se debe reconocer que tiene un límite el crecimiento basado en la producción agropecuaria. El cambio de modelo se impone, ahora que también asumirá la presidencia Horacio Cartes, quien había planteado en forma insistente en la campaña electoral que el actual sistema de creación de empleos no va más.
El nuevo Gobierno deberá enfrentar el desafío del momento que supone el fuerte embate de la crisis brasileña sobre nuestra economía, y para ello deberá aprovechar la circunstancia de que nuestro país puede constituirse en un receptor de inversiones provenientes de la nación vecina, que se establezcan aquí con el fin de instalar industrias que procesen en forma más competitiva productos que luego puedan ser exportados tanto al Brasil como al resto de la región y el mundo.
El gran problema del Brasil en los últimos años es su decreciente competitividad a nivel mundial, debido a problemas monetario-cambiarios y a su excesivo gasto público impulsado por los grandes emprendimientos deportivos internacionales que tendrán lugar próximamente en su territorio, como la Copa Mundial de Fútbol 2014 y las Olimpiadas de 2016.
Las alarmantes cifras de reducción de la afluencia de compradores en la frontera de Ciudad del Este, Salto del Guairá y Pedro Juan Caballero, no son expresión de un fenómeno meramente coyuntural como otras veces, sino la revelación de algo mucho más preocupante, como la disminución de la capacidad de consumo de la población brasileña, al conjuro de un insatisfactorio crecimiento productivo y por la desconfianza de los inversionistas internacionales en una economía que debía ser la locomotora latinoamericana, pero que no está cumpliendo lamentablemente con esta misión.
Los remezones de la crisis del Brasil se tienen que sentir inevitablemente en nuestro país, cuya dependencia del vecino es enorme en términos de relacionamiento comercial, pero esta situación de crisis podría convertirse en una oportunidad para el cambio del modelo paraguayo  yendo hacia la industrialización del país, dejando de lado a su vez otra gran dependencia: el mayor o menor éxito en las campañas agrícolas o el buen o mal desempeño en las exportaciones de carne vacuna.
La mano de obra que queda desocupada en la zona fronteriza con la menor venida de “sacoleiros” deberá ser recolocada en las industrias que pueden ser establecidas en la misma región a través del régimen de maquila o atraídas por la baja carga tributaria existente en el país. Es una realidad que la industria brasileña está mirando el Paraguay como una alternativa para recuperar su protagonismo tanto interno como externo en un mundo cada vez más competitivo.
Sin embargo, hay cuestiones que el nuevo Gobierno debe encarar con urgencia para dar la necesaria confianza al inversionista, como la inevitable reformulación del sistema energético nacional, dada la extremada limitación que tiene la empresa estatal Ande para satisfacer el consumo creciente de electricidad. Las nuevas industrias demandarán, y especialmente las electrointensivas, un abastecimiento constante y de calidad en el fluido energético, lo que la misma empresa monopólica paraguaya ha reconocido no podrá garantizar hasta tanto se concreten importantes inversiones para generar, transmitir y distribuir la electricidad.
Ya no puede esperar más, por ejemplo, la nueva Ley del marco regulatorio energético, que sigue teniendo contratiempos y contramarchas en la Cámara de Diputados, por la oposición de grupos políticos y sindicales que no están de acuerdo con una posible “privatización” de la Ande, justamente cuando se habla de la inevitable necesidad de capitalizar a la empresa estatal, hoy prácticamente inviable para encarar inversiones del orden de US$ 2.500 millones en los próximos años, nada más que para incrementar su capacidad de transmisión y distribución, sin hablar de los ingentes recursos necesarios para encarar nuevos proyectos de generación, ya sea hidroeléctricos o termoeléctricos.
Tanto para recapitalizar la misma Ande como para crear las condiciones para un armónico desarrollo energético en el país, se impone aprobar con rapidez el marco regulatorio que permitirá la venida de inversionistas no sólo en el ramo de la energía sino también en la industria, lo que a su vez posibilitará el cambio del modelo de desarrollo nacional.
Si en forma egoísta seguimos atendiendo los reclamos sectoriales de grupos políticos y sindicales retrógrados, sin mirar el alto interés nacional, no podremos tener el ente regulador de la electricidad en el corto plazo, cuando se sabe que con suma urgencia se necesita establecer las condiciones para el desarrollo industrial, único modelo viable para absorber la gran cantidad de mano de obra juvenil que se incorpora cada año al mercado laboral.

Escribe: Luis Alen

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