Paraguay mantiene dignidad y Mercosur sigue en su laberinto

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Se cumplió el objetivo de la estrategia de ajedrecista de Horacio Cartes, con el jaque mate a los presidentes del Mercosur en la última cumbre, sin que sea necesaria su presencia. HC ganó la partida al poner en ridículo a los jefes de Estado, que ahora imploran la vuelta de Paraguay, reconociendo el mal paso dado el año pasado con la suspensión de nuestro país para permitir el ingreso de Venezuela, violando el Tratado de Asunción.  Sólo el orgullo de no reconocer su error hace que los presidentes no enmienden aún la calamitosa jugada de suspender al Paraguay para permitir el acceso de Hugo Chávez al organismo regional. Fue levantada la suspensión, pero sin retroceder en el tema de la presidencia temporal de Nicolás Maduro, el sucesor del extinto líder bolivariano.  El mensaje de Cartes a sus colegas se mantiene invariable: no admite la presidencia venezolana pro témpore -que le toca a Paraguay este semestre- y sobre el punto ya no habrá negociación posible, por cuanto se considera ilegal la presencia del país caribeño en el bloque, hasta tanto se vuelva a pronunciar el Senado paraguayo para una eventual aceptación del ingreso. La fuerte posición adoptada por Paraguay no ha sido precisamente del agrado de Brasil, que ha visto en el último año cómo su antiguo aliado incondicional en los foros internacionales, se ha ido alejando hacia posiciones más independientes, a tal punto que el Gobierno de Asunción prácticamente salió de la órbita brasileña para enfilar rumbo hacia la Alianza del Pacífico, sin que ello signifique retirarse del Mercosur, por ahora.

Bloque ideológico y no económico
El Mercosur ha venido mostrando una imagen cada vez más ideologizada, al conjuro del vendaval bolivariano, al que tampoco quedó ajeno el Gobierno de Brasilia, dominado por el izquierdista Partido de los Trabajadores (PT) de Lula da Silva y Dilma Rousseff. En contraposición a esta tendencia de politización acelerada de un organismo que nació comercial y aduanero, el Paraguay es una especie de oveja negra que resulta hasta un cuerpo extraño en este virtual acuerdo de presidentes de izquierda. No en vano en varias crónicas internacionales se acentúa el carácter “conservador” de Horacio Cartes, en términos políticos, claro está.
Sin embargo, la vuelta paraguaya resulta imprescindible para los demás países del Mercosur, según lo que se escuchó decir a los mismos presidentes en la cumbre de Montevideo de la semana pasada. La presencia de nuestro país es necesaria no sólo por su ubicación geográfica en la región, sino también por la estratégica importancia geopolítica -incluidos los acuerdos energéticos con los vecinos- que posee la economía paraguaya en términos de intereses vitales tanto de Argentina como de Brasil y de la misma Bolivia, sin contar los lazos históricos y afectivos que se tienen con Uruguay. Queda por ver el camino final de solución que el mismo Mercosur marcará como agenda prioritaria a partir del 15 de agosto, ante el espinoso tema de la ilegal presencia venezolana. HC se mantiene en reclamar la presidencia pro témpore del organismo, actualmente en poder de Nicolás Maduro, y un paso en la dirección de un arreglo podría venir de una reconsideración del Senado paraguayo en torno al ingreso de Venezuela, por lo que las puertas para una negociación podrían estar abiertas aún hasta conseguir que el 15 de agosto próximo los presidentes sellen la reconciliación y muestren al mundo la superación de uno de los escollos más graves para el proceso de integración del continente sudamericano. Mientras tanto, el objetivo del regreso con dignidad, por parte del Paraguay, ha sido preservado, mientras que ha quedado en evidencia el laberinto en que se metieron los presidentes en junio del año pasado, creyendo que les saldría barato la escandalosa violación del Tratado constitutivo del organismo regional.

Escribe:
Luis Alen

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