
Escribe: Luis Alen.
El endeudamiento público del Paraguay está llegando a niveles peligrosos, porque aunque el ministro de Hacienda Santiago Peña expresa que se necesita más deuda para enfrentar el déficit en materia de obras de infraestructura, las obligaciones externas del país se pueden volver inmanejables para los próximos gobiernos.
A diciembre de 2014, el saldo de la deuda pública bruta subió a US$ 5.400,5 millones, 29 por ciento más que en el cierre de 2013 (US$ 4.174,2 millones) La variación fue producto de la emisión de bonos soberanos por US$ 1.000 millones realizada en agosto de 2014. Igualmente en los últimos tres años el saldo del endeudamiento público prácticamente se duplicó.
Las autoridades hablan de llegar a un nivel aceptable de 22 por ciento del PIB con el endeudamiento, del 18 por ciento actual, pero no se puede tomar este indicador como el más apropiado, ya que se debe relacionar la capacidad de pago auténtica con las exportaciones, que precisamente este año descenderán US$ 800 millones, de los US$ 11.700 millones que se alcanzaron en 2014.
El coeficiente auténtico de vulnerabilidad está dado por la relación deuda externa a ser pagada/exportaciones, en un año determinado. Así, en la medida en que vaya incrementándose la contratación de créditos con los bonos soberanos y de otras fuentes, existe el peligro de que el Gobierno se engolosine con el financiamiento fácil porque supuestamente el país está bien calificado para recibir préstamos e ignore las alarmas que se encienden con el servicio de la deuda y el ingreso de divisas por exportaciones para los próximos años.
Es que en un año el servicio de la deuda ha aumentado 80 por ciento y seguirá subiendo, porque los vencimientos de las deudas con bonos y otros créditos de entidades multilaterales irán creciendo para pasar a representar más del 10 por ciento del valor de las exportaciones totales, lo cual ya empieza a tener un cariz preocupante, porque además el país no puede cubrir con estas divisas el total de importaciones.
Bicicleta de Hacienda
Pero el aspecto más alarmante viene por el lado del reconocimiento de que, además de financiar una obra de infraestructura en el Chaco (los famosos corredores bioceánicos de la época de Wasmosy que nunca se concretaron) con la reciente toma de fondos de Fonplata por US$ 140 millones, los bonos soberanos recientemente emitidos por US$ 280 millones serán destinados en una parte para el pago del servicio de la deuda, lo que en buen romance significa que Hacienda está realizando una “bicicleteada” con los bonos internacionales, con el fin de cubrir su déficit fiscal.
En estas condiciones, la herencia que quedará para los gobiernos posteriores a éste no resultará muy cómoda, puesto que necesariamente se deberán aumentar impuestos y se tendrá que terminar con el festival de aumentos del gasto público, en el que el Congreso también tiene mucho que ver.
Este mismo Congreso que se mutiló sus atribuciones constitucionales de aprobar los empréstitos en que incurre el país, al dejar en manos del Ejecutivo la contratación directa de los créditos a través del expediente de la emisión de los bonos soberanos.
La orientación de una parte de los bonos soberanos al pago del servicio de la deuda es tirar los recursos a saco roto, en vez de destinarlos a obras que generen posteriormente más producción y exportaciones. Las obras viales en el Chaco, a donde se enviará otra parte de los fondos obtenidos, son importantes para el desarrollo nacional, pero otra cuestión se presenta cuando se ve una cuestionable capacidad de gestión del Gobierno para controlar a las empresas constructoras, que generalmente realizaron en la Región Occidental rutas que luego de pocos años son inservibles.
Aparte de esto, un elemento adicional de preocupación lo aporta el hecho de que los préstamos internacionales debieron contratarse con un estricto plan de seguimiento y control, por lo menos a cinco años plazo, de tal forma a asegurar que el servicio de la deuda no tenga un impacto muy severo sobre las finanzas del país en el mediano y largo plazo, que justamente abarca a próximos gobiernos.
Existen otros parámetros riesgosos como el tipo de cambio, ya que en el caso de una variación hacia arriba del dólar inmediatamente se presionará sobre las finanzas públicas, produciendo un déficit de incalculables consecuencias, por lo que lo aconsejable es no salirse de una política de moderado endeudamiento, como la que se estaba llevando a cabo hasta 2013.





























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