Escribe: Luis Alen.
Las muertes anteriores de periodistas a manos de sicarios de los narcos, como la de Santiago Leguizamón en 1991, fueron tan horrendas como salvaje fue la ejecución de Pablo Medina en un camino de tierra de Villa Ygatymí, departamento de Canindeyú, el pasado jueves 16 de octubre.
La cobarde acción contra Leguizamón en pleno Día del Periodista como los sucesivos asesinatos de periodistas en las zonas calientes del narcotráfico fronterizo de los últimos años, tienen la connotación de un mensaje de amedrentamiento contra un gremio comunicador que no se cansa de denunciar el copamiento que está realizando de la sociedad la actividad delictiva del tráfico de estupefacientes, hasta el punto que ya se habla de la narcopolítica o de un Narco Estado en el Paraguay.
Pero la muerte atroz de Medina significa algo más serio, porque ya es un mensaje no sólo para el estamento periodístico nacional, sino para toda la sociedad: “Aquí somos poder y mandamos nosotros”, dicen los narcos de Canindeyú, cuyos operadores incluso ya están avanzando sobre los partidos políticos, el Parlamento y el Gobierno, después que ya se sabía de sus influencias desde hace mucho tiempo sobre jueces, fiscales y policías.
HC debe ponerles freno
El presidente Horacio Cartes conoce de sobra el poder que van tomando los narcotraficantes en la frontera, ya que muchos de ellos hasta se dan el lujo de ostentar cargos políticos en sus departamentos, en el Congreso y en el mismo Gobierno. Su osadía llega a que, sin sonrojarse, se fotografíen con el presidente y éste para colmo lo tolera.
Ahora le corresponde al jefe de Estado poner freno a los capos y a sus capangas, no permitiendo que vayan adquiriendo más poder político, porque la suerte del país en su conjunto se encuentra en juego y hasta, por qué no decirlo, el mismo futuro del Nuevo Rumbo que quiere traer HC al Paraguay.
Uno de los aspectos que más observan los inversionistas para decir que en un país existe buen ambiente de negocios es la seguridad física y jurídica. Pero cuando ven por internet y los medios de comunicación cuán fácilmente se pasean por los caminos del país los sicarios del narcotráfico y la bandada de delincuentes callejeros que asuela la República -muchas veces tolerados por la complacencia o complicidad de la Justicia y la Policía-, los cálculos del riesgo de inversión se disparan hacia niveles poco confiables para un capital que siempre resulta muy receloso.
La gente trabajadora de a pie, que sufre todos los días los ataques impunes de motochorros, asaltantes y toda clase de marginales, le reclama al Gobierno tomar acciones contundentes contra el delito y la proliferación de la violencia contra las personas. Lo realizado por los sicarios es hasta el “pan de cada día” en las zonas más castigadas por el narcotráfico, pero también la demostración de que, lamentablemente, se le va de las manos al Gobierno el control de la situación.
La misma autoridad de HC ha quedado en ridículo si no puede controlar a sus propios operadores políticos y de seguridad, pues la sospecha de que los capos ya están ubicados en puestos claves nacionales, departamentales y municipales, no hace otra cosa que confirmar que Cartes “está durmiendo con el enemigo”.
En efecto, el enemigo número uno de la sociedad y de la nación resulta en estos momentos la mafia de los narcos, sin lugar a dudas, y por la que el país está a punto de tener una negra imagen, si es que ya no la tiene.
De allí que habría que ver si HC logra revertir el rumbo que está tomando el combate al narcotráfico, que en estos momentos aparece nítidamente va en su contra, ya que no pudo evitar que mataran a un periodista, que suele ser el símbolo de una sociedad que lucha contra este flagelo, no sólo en Paraguay sino en todo el mundo.
Para el presidente fue hasta denigrante que no haya podido prevenir con trabajos de inteligencia y así frenar la sanguinaria acción de los narcos, a sabiendas de que el mensaje más estremecedor del aleve asesinato de Medina es que HC está perdiendo el combate contra la delincuencia, los carteles narcos y el mismo EPP, que se pasea como “Pepe por su casa” en la zona de Horqueta.
Razón de más para pedirle al presidente que envíe a su vez un mensaje decisivo a los narcodelincuentes, y especialmente a aquellos que ya ponen pie en la política, de alejarse de ellos, no permitiendo que continúen usufructuando bancas en el Parlamento, en puestos públicos del Gobierno nacional, regional o local, así como también en el Poder Judicial, en la Fiscalía y en la Policía.
Las últimas evidencias de que la dirigencia política está infestada por los narcos debe ser un llamado de atención a toda la sociedad, para que se analice muy bien el prontuario de los candidatos en las elecciones municipales del año próximo y en las generales de 2018.





























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