
Escribe: Luis Alen.
A pesar de que actualmente el Paraguay es un país en crecimiento por encima del promedio regional latinoamericano, con baja inflación, políticas predecibles, seguridad jurídica suficiente para invertir, libertad de movimiento de capitales, entre otras bondades, lo cierto es que la otra cara de la moneda indica la inexistencia de medidas contracíclicas para enfrentar los efectos indeseables de las políticas económicas de los vecinos, Argentina y Brasil.
A todo esto se agregó últimamente las acusaciones del manejo de la “narcopolítica” en el Estado paraguayo, lo que no es un buen aliciente para los inversionistas a la hora de analizar los riesgos que corren en un país acosado por el amenazante crimen organizado.
De allí que en el país de la economía pujante y atractiva, una de las principales cámaras empresariales declara que la economía está frenada y muestra claras señales recesivas, mientras que en otros indicadores el perfil de crecimiento es suficiente para impulsar la economía gracias a la producción de granos, carne, la industria del ensamblaje, la construcción privada, las telecomunicaciones y otros rubros generadores de dinámica productiva.
Diversos portavoces empresariales y analistas confirmaron la tendencia a la baja del consumo masivo, comparando con los dos años anteriores. Esta tendencia coincide con las políticas monetarias de Argentina y Brasil, que han favorecido el ingreso masivo de productos de contrabando en el Paraguay.
Los efectos en diversas actividades comerciales legales e industrias nacionales dedicadas a productos de consumo, llevaron a la Cámara de Anunciantes del Paraguay (CAP) a proponer medidas de emergencia para activar la economía, generando un efecto contracíclico. Dicha propuesta fue calificada como innecesaria por el Banco Central, lo que era de prever, ya que para los ejecutores de la política monetaria no hay por qué variar el rumbo económico si no hay remezones en el tipo de cambio, cuya estabilidad es el principal sostén de la política antiinflacionaria.
Es importante un golpe de timón
La constatación del fuerte impacto de las políticas monetarias de Brasil y Argentina, además del daño a la imagen del país de las acciones delincuenciales del terrorista EPP o de los traficantes de drogas en la frontera, ha reavivado la discusión de las reformas estructurales necesarias que debe adoptar el Gobierno que garanticen seguridad, tanto física como jurídica, para los inversionistas.
A pesar de la oposición del BCP a la adopción de las medidas anticíclicas, se impone revitalizar la estructura económica con medidas que tiendan a dar competitividad a rubros en los cuales el país cuenta con amplia ventaja comparativa, como por ejemplo el turismo receptivo de compras, últimamente muy dejado de lado por el Gobierno como factor de dinamización de la economía nacional.
Mientras desfallece el comercio en las ciudades fronterizas, se tarda en tomar decisiones que lleven a un impulso del otrora floreciente espacio comercial de Ciudad del Este y otras urbes. La creación de zonas francas y sistemas de libre comercio en dichas áreas permitirá devolver al comercio de frontera su anterior preeminencia en la generación de riqueza reflejada en el Producto Interno Bruto (PIB)
La política económica se encuentra en deuda con el país no sólo en las reformas estructurales del Estado, sino también en materia de políticas anticíclicas que contrarresten el impacto negativo de las medidas monetarias y cambiarias de los vecinos, siendo una de las decisiones a adoptar el fortalecimiento de la “Marca-País”, es decir, la creación de condiciones para ofrecer al turista atractivos suficientes como para mantenerlo durante varios días en el territorio nacional, generando ingresos para los sectores ligados a la actividad turística.





























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