Con el desmantelamiento de un equipo de llamadores en la municipalidad de Ciudad del Este, quedó al descubierto que el clan Zacarías tenía montado todo un sistema de espionaje en la institución, cuyo principal trabajo consistía en monitorear todas las radios de la zona, principalmente, aquellas, crítica a la gestión de la intendenta Sandra McLeod.
Este método, muy común en la época de la dictatura stronista, el clan Zacarías lo volvió a reflotar, con un batallón de funcionarios comunales, cuya base operativa funcionaba en la seccional colorada No. 1 (ubicada frente misma a la municipalidad local), sitio de donde se llamaban a las emisoras, para contrarrestar cuando se atacaba a la administración de los Zacarías, que desde el 2001 maneja la institución como un negocio privado.
Pero una semana y media atrás, Javier Zacarías Irún, quien maneja los hilos del poder en la municipalidad, tomó la decisión en desmantelar la estructura de llamadores, porque los mismos habrían dejado de cumplir con “eficiencia” las tareas, que les fueron encomendadas.
Los reiterados cuestionamientos, por diversos sectores de la sociedad paranaense, contra la gestión de la jefa comunal, Sandra McLeod, no habrían sido contrarrestados con efectividad por los denominados llamadores, que terminaron siendo despedidos de sus labores, por decisión de Javier Zacarías, quien no ocupa cargo alguno en la municipalidad. Sin embargo, es la persona que toma las decisiones en la institución.
Este esquema de llamadores viene funcionando desde hace años en la municipalidad. A esto se debe sumar la famosa “prensa amiga”, que constantemente trata de desvirtuar la verdad sobre la gestión del clan, con publicaciones tendenciosas, generando ante la opinión pública una realidad falsa.
Todo un equipo de laboratorio funciona al entorno de las autoridades comunales de turno, que tampoco quedan atrás, al implementar un programa de gobierno municipal malicioso, tratando de esa manera de engañar y engatusar a la ciudadanía con mentiras. Como ser, las actividades de carácter social, ya sea la entrega de medicamentos, sillas de ruedas o ayuda a la gente de la tercera edad. Las pocas veces que se hacen este tipo de donativos, la intendenta McLeod es acompañada por varios colegas, ligados al entorno de la “prensa amiga”, para producir un impacto mediático en la población.
Es evidente, que la medida tomada, en dejar sin efecto la oficina de llamadores, obedece a que la ciudadanía ya se cansó de tanta hipocresía de sus autoridades de turno, que se pasan burlando, justamente de ese pueblo que confío en ellas en las urnas, al darle su voto en cada elección municipal.
Desde el 2001, año en que tomó el poder comunal el clan Zacarías, se dedicó a implementar una estrategia perversa, para burlarse hasta hoy de la ciudadanía. El manoseo al que es sometido el pueblo no tiene límite, donde el grupo de poder de turno continuará sometiendo a sus intereses a los parroquianos, a la medida en que salga a revelarse y reclamar sus derechos, exigiendo reglas claras.
El pueblo se cansó de sus malas autoridades. Se terminó la paciencia y ya no habrá tolerancia para quienes pretendan continuar imponiendo ese esquema perverso, cuyo origen y fin es seguir azuzando a la ciudadanía, para materializar sus anhelos personales, para así seguir enriqueciendo sus cuentas bancarias. Basta de práctica nefasta.





























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