Un estoico servicio para afianzar la agricultura campesina protagoniza la familia de Mafaldo Cabrera, que desde hace 30 años gesta un ejemplo de trabajo por la dignificación comunitaria en el barrio San Agustín del distrito de Juan E. O´leary.
El esfuerzo comunitario recibió un importante impulso de Itaipú Binacional, que entregó al Comité de Mujeres del lugar una gran cantidad de aves, implementos para la producción y balanceados.
El comité de mujeres “San Agustín” de Juan E. O´leary, integrado por 12 familias, recibe el decidido apoyo de Mafaldo Cabrera y toda su familia, quienes brindan su casa e infraestructuras para los encuentros comunitarios de organización y capacitación.
“La experiencia de producción de pollo se desarrolla positivamente, realmente la gente cree mucho más, con la presencia de Itaipú, por primera vez en esta zona, la comunidad está muy contenta”, resaltó Cabrera.
Señaló que el acercamiento de Itaipú ayudó al fortalecimiento de la organización, inclusive hay mucho más interés por parte de la gente para trabajar entre vecinos, lo que puede significar un soporte para el arraigo comunitario. Indicó que hace más de 30 años vive en la comunidad, proveniente de Carapeguá. Los pobladores son mayoritariamente paraguayos, pequeños productores de la zona.
“Nuestra lucha diaria es trabajar por el sustento y el bienestar de nuestras familias, necesitamos apoyo para asegurar el arraigo campesino, hay mucho esfuerzo de autogestión, para que no avancen los inmigrantes, que siempre restan posibilidades para la agricultura familiar”, expresó. Recordó que había participado del proyecto de la microcuenca que implica “agua, suelo y bosque” y que con una mayor conciencia de la gente están tratando de fortalecer la producción para el autoconsumo.
Existen extranjeros que ofrecen mucha plata por hectárea, antes ofrecían G 10 millones por hectárea, actualmente ofrecen de 20 a 25 millones, dijo al expresar la preocupación por la sobrevivencia de la agricultura campesina que es la principal fuente de provisión de alimentos sanos para el país y para la preservación del medio ambiente, según consideró.
“Estamos tratando de concienciar a los compatriotas para que no vendan sus lotes, porque generalmente si venden van a la ciudad y en un corto tiempo termina el dinero y se deteriora el nivel de vida de la familia”, comentó.
Mafaldo Cabrera, además de hortigranjero, es especialista en fabricación artesanal de mini-silos, un elemento muy útil para la época de las cosechas, para la conservación de granos en buenas condiciones.
Dinámica promotora
del esfuerzo común
Graciela Doldán, asentada en el lugar desde hace más de 30 años, ama de casa y trabajadora rural en su nutrida chacra donde trabaja juntamente con su esposo Mafaldo, con cultivos para consumo y ventas de los productos en Juan E.O´Leary y Ciudad del Este, es una dinámica promotora del esfuerzo comunitario.
Reflejó su preocupación por el avance de las extensiones de soja en la zona que ya está a sólo 8 kilómetros del centro urbano del mencionado distrito. Sin embargo, aboga y trabaja por la consolidación de más producción hortigranjera y organización comunitaria para contraponerse al monocultivo. Agradeció por ello la atención de Itaipú a los pequeños productores de la zona. “Todos los comités beneficiados están contentos”, agregó.
La madre de familia se refirió a la necesidad de asistencia técnica a gran escala para la agricultura y granja familiar, ante el desafío de garantizar alimentos saludables para las ciudades y como factor de ingreso económico para el campesinado. Dijo que muchos compatriotas tienen incluso lo más costoso hoy en día como es la tierra, pero que ante la falta de conocimientos y estímulos para la colocación en los mercados, optan por vender sus parcelas y migrar a las ciudades sin ningún propósito.
Por otro lado, la aplicación de nuevas técnicas y conocimientos no llegan al campesinado por parte del Estado y es por ello que queremos “utilizar al máximo estas alternativas y proyectos que hemos conseguido con Itaipú“.
Significó que en el campo se trabaja duro, pero se obtienen ganancias, sobre todo para educar y vestir a los hijos o comprar cosas para el hogar, cuando hay mercado. “Se necesita un buen manejo económico, porque nosotros queremos vivir en el campo y tener las comodidades también”, enfatizó.





























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