Protestan apuntan al Gobierno

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Las movilizaciones estudiantiles que comenzaron a desatarse, desde hace 15 días atrás,  a nivel secundario y terciario, ha movido la estantería del propio Gobierno, ante el temor que los reclamos tengan un efecto dominó.

El mayor foco de conflictos se dio en el campus de la Universidad Nacional de Asunción (UNA) donde los alumnos protestan por la imperante corrupción saltada a la palestra pública, en los últimos días, y donde el principal blanco es el propio Rector, Froilán Enrique Peralta Torres, quien no soportó la presión estudiantil y terminó renunciando al cargo.

El proceso de levantamiento revolucionario de los universitarios se dio cuando empezaron a ventilarse a través de los medios de prensa las irregularidades existentes en el rectorado de la UNA, donde además de Froilan Peralta, aparecieron en la línea de salpicados varios decanos y altos funcionarios de la institución, que igualmente ya van dejando el cargo.

Las protestas estudiantiles tuvieron su origen en la UNA, y hoy pasó a convertirse en una fuerza importante de reclamos a nivel nacional, donde con el slogan: “UNA no te calles” ganó espacio en todo el país. Los jóvenes de esta manera, obedientemente, cumplen el mensaje del presidente Horacio Cartes, quien pidió a la población paraguaya, cuando asumió el poder, que “hagan líos”.

A pesar de que el mismo presidente había instando a la ciudadanía a reclamar sus derechos, hoy el Gobierno observa con cautela y hasta con temor las movilizaciones, que pueden tener un efecto dominó, trasladándose a estamentos del propio poder gubernamental. 

Es alentador que aparezcan movimientos gremiales que claman por una transparencia en el manejo de las cosas públicas. Es hora de acabar con la impunidad, que tanto daño ya ha causado a este golpeado país, que no conoce de mejora y crecimiento social. Cada día el margen entre el rico y el pobre es más distante, porque no existe una real voluntad política de las autoridades de turno para acortar esa brecha.

Estos movimientos independentistas no deben acabar con la renuncia de Froilán Peralta y sus séquitos, sino deben apuntar a otras instituciones públicas, que también sufren de grandes falencias y deterioros morales, que sólo serán corregidos con una profunda transformación estructural. De lo contrario, se seguirá padeciendo del endémico mal, que se llama corrupción.

Este virus ha corroído gran parte del tejido social de esta nación guaraní, por lo que no será fácil acabar con esta “enfermedad”, que se ha convertido en un cáncer galopante, al contaminar todos los organismos del poder público, como así también el privado.

La lucha no debe cesar, de lo contrario terminará este esfuerzo en una anécdota más, de las que ya tenemos bastante en este país. Paraguay necesita de una transfusión verdadera para poder pretender lograr el anhelado giro de 180 grados, y así soñar con un país más llevadero para todos los paraguayos.

Lejos de generar temor, el Gobierno tiene la obligación de acompañar protestas que apunten al saneamiento institucional de esta República. De lo contrario, pasará a convertirse en un apéndice más de la corrupción imperante en este país. Cartes no debe demostrar temor a un efecto dominó, si en verdad apoya la transparencia en su gestión.

 

 

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