La reconstrucción general de la comuna de Ciudad del Este será el principal desafío del próximo intendente de la capital del Alto Paraná, atendiendo que la institución se encuentra, literalmente, devastada.
El cambio de administración y de timón urge en la municipalidad de Ciudad del Este, que desde el 2001 viene siendo desangrada por un grupo político, que convirtió el segundo municipio más importante de la República en un negocio privado.
El próximo titular del ejecutivo municipal paranaense, y que no sea de la dinastía Zacarías, cargará sobre su espalda la responsabilidad de ordenar la institución, que se encuentra, prácticamente, destartalada por estar en manos de autoridades corruptas, inmorales y antipatriotas.
El clan Zacarías hace 17 años que se viene valiendo de los recursos públicos de la comuna paranaense para enriquecerse, amparado bajo la sombra de una galopante impunidad, otorgada por una justicia genuflexa y como si fuera poco, por los sucesivos gobiernos de turno, que se hizo más visible en la gestión del presidente Horacio Cartes, que abiertamente protegió a los Zacarías e impidió que los diputados aprobaran la intervención, en marzo del 2016.
Cartes tiene una enorme responsabilidad en la grosera impunidad otorgada por jueces y fiscales corruptos al clan Zacarías, que se burla de la ciudadanía, cuando ni siquiera es investigado por el apoderamiento del dinero de los contribuyentes. A pesar de que el pueblo nunca calló, denunciando el latrocinio perpetrado por este grupo político fronterizo; pero nunca fue oído por las autoridades responsables y competentes.
Javier Zacarías y su esposa, Sandra McLeod, aparte de tomar por asalto la municipalidad, deja una multimillonaria deuda con proveedores, empleados activos, préstamos bancarios y con ex funcionarios, que ganaron sus demandas laborales por despidos injustificados. El futuro intendente cargará sobre su hombro una pesada mochila y de difícil solución a corto plazo. La institución hace años que está en quiebra técnica.
El próximo presidente de la República, Mario Abdo Benítez, tiene la obligación de poner fin al “pokaré” en las instituciones públicas y sancionar a los responsables, si en verdad tiene la voluntad política de cambiar la deteriorada imagen del país, que los últimos años ha sido mirado con gran recelo por los empresarios que desean invertir su capital en esta nación sudamericana.
Se tiene que tratar de revertir esa imagen, “país de la ilegalidad”, que tanto daño ya ha causado, principalmente a la mayoría del pueblo paraguayo, y donde un puñado de facinerosos son los beneficiados de esta tragedia social que enfrenta el Paraguay.
La ciudadanía tiene la confianza en el nuevo gobierno, que trabajará para cambiar el rumbo, generando fuentes de trabajo, mayor presupuesto a Salud y Educación, más seguridad y castigo a los corruptos. El pueblo esteño tiene como mayor meta extirpar el “cáncer maligno”, que se llama clan Zacarías, un garrapatas que ha llevado a Ciudad del Este a un estado de indefensión terrible, del que hasta hoy no puede reponerse.
El flamante electo presidente de la República debe honrar la palabra empeñada en campaña electoral, otorgando su irrestricto apoyo a sus colaboradores más cercanos para tratar de refundar la capital del décimo departamento. Pero para eso se debe comenzar poniendo fin al latrocinio e impunidad del perverso clan Zacarías.




























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