Reflotan posible fiscalización de la Contraloría a gestión del Clan

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Escribe: Luis Alen.

La coyuntura política actual resulta muy desfavorable para Horacio Cartes, por el golpazo que le ha significado a la imagen de su Gobierno no sólo el asesinato de un periodista del más importante medio de comunicación del país, sino también la clara evidencia de que el “poder narco” se ha instalado en el más alto nivel del Estado, con consecuencias imprevisibles para toda la nación. Al margen, Cartes hasta ahora se muestra contemplativo con las denuncias que pesan sobre el clan Zacarías.

Los asesores del jefe de Estado y los analistas independientes ven como única salida para recomponer la dañada faz gubernamental el firme compromiso con la transparencia en la gestión, sin que haya ningún atisbo de concesiones hacia la corrupción y menos aún condescendencia con el crimen organizado.

El Gobierno venía transitando, desde el inicio de su gestión, un promisorio esfuerzo de transparentar la administración estatal, no conociéndose de mayores escándalos de corrupción en la esfera pública, pero a la desafiante mafia del narcotráfico no le importó nada de esto y sin pensar dos veces atropelló todo para dejar a HC en visible y molestosa posición de “off side”, con el caso del brutal asesinato de Pablo Medina y de su joven secretaria.

Lo peor del caso es que los mafiosos no se presentaron solos, sino nada más y nada menos que apadrinados por poderosos políticos de frontera, la mayoría de ellos pertenecientes al partido de gobierno, el Colorado. Más de una vez incluso aparecieron fotografiándose con HC en actos proselitistas o del gobierno en el departamento de Canindeyú, aparte de que el movimiento cartista tiene entre sus principales referentes a la diputada por dicho departamento Cristina Villalba, sindicada como una supuesta “protectora” de los acusados por el crimen del comunicador.

Terremoto en la cúpula

Los que planearon la acción contra el periodista de Curuguaty nunca se habrían imaginado que estaban tirando balas contra el mismo Gobierno, por el terremoto que ocasionaron en la cúpula del poder cartista. O tal vez fue una operación bien planificada por un grupo de conspiradores, precisamente con el objetivo de causar un movimiento desestabilizador en el mismo soporte político de HC.

En un primer momento se atribuyó la causal del crimen a la molestosa información enviada por el periodista desde la zona, que evitaba supuestamente un “normal” desenvolvimiento de los envíos de marihuana y cocaína al Brasil. Pero a medida que iban sucediéndose los acontecimientos en los días siguientes al siniestro acto criminal, se apreciaba claramente que se estaba en presencia de una acción con una consecuencia segura: la caída en desgracia de los políticos protectores del narcotráfico, empotrados en el Parlamento, y con ramificaciones en todos los sectores del Estado, como la Policía, la Fiscalía, el Poder Judicial y los gobiernos locales, sean departamentales o municipales.

El daño estaba causado principalmente al mismo soporte del presidente Horacio Cartes, quien en una actitud sorprendente no atinó a mover todo el aparato del Estado para acabar de una vez con el narcotráfico fronterizo, por temor a los efectos que podría tener eso en su misma base política.

De nuevo el jefe de Estado actuó en forma dubitativa, como en aquél caso de las medidas de reforma que debía instalar en las reparticiones públicas con motivo del destape de los escandalosos sobresueldos en todos los entes, y sólo propició un bucólico maquillaje de los salarios estatales unificando las gratificaciones en un solo sueldo.

¿Se viene la reacción en CDE?

De igual forma se puede decir que Cartes ha actuado en forma zigzagueante o errante en el caso de la intervención a la comuna de Ciudad del Este, pese a las múltiples irregularidades administrativas en la gestión del Clan Zacarías al frente de la administración municipal.

HC ha privilegiado siempre en la relación con Javier Zacarías Irún una especie de “pacto de no agresión”, que es bien notorio a estar por la poca preocupación del cartismo en armar una fuerte presencia en las movilizaciones ciudadanas en contra de los manejos dictatoriales del Clan en la municipalidad y en toda la ciudad.

Pero Cartes no tiene otra salida para rearmar su frente político que deshacerse de “malas compañías” como las de los narcopolíticos o de la impresión generalizada de que se apaña a los traficantes en las diferentes esferas estatales. Asimismo, tiene la excelente oportunidad de demostrar compromiso con la transparencia al apoyar a aquellos senadores que se hallan impulsando la presencia de la Contraloría General en la municipalidad esteña.

De que salga airoso en esta pulseada anticorrupción y antinarco dependerá mucho de que pueda recuperar el rumbo de su Gobierno, que ahora se presenta incierto por la excesiva injerencia de los políticos con turbios antecedentes en el manejo de la cosa pública.

HC tuvo la inmejorable oportunidad de barrer con todos estos personajes de la política criolla, incluido ZI, pero no lo hizo. ¿Tendrá ahora tiempo para hacerlo casi a las puertas del inicio de la campaña para las internas partidarias para las municipales y la elección de nuevas autoridades partidarias a mediados de 2015?

Si alguien pateó el tablero cartista con el sonado homicidio de Canindeyú, quiso producir evidentemente un quiebre en el soporte político de HC. Sin embargo, éste aún puede reaccionar, tomando medidas firmes para transparentar la gestión estatal en la República, como bien podría ser finalmente la presencia de los auditores de la CGR en la municipalidad de Ciudad del Este.

 

De la rápida reacción de HC dependerá seguramente la continuidad de un rumbo sin mayores avatares hacia las internas partidarias, las elecciones municipales y las generales. De otro modo, ni siquiera habrá la posibilidad de un “nuevo rumbo” en el horizonte político, si es que no se logra desprender el cartismo de la lacra que le acompaña y que proviene de los oscuros negocios fronterizos.

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