Retornar a la ruta turística

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Ciudad del Este, localizada en una zona estratégica del país, hasta hace 25 años atrás era una de las principales potencias económicas de la región, y hasta fue apuntada por una revista especializada de Estados Unidos como uno de los tres principales centros de negocios del mundo, junto a Miami y Hong Kong.

Sin embargo, todos esos privilegios quedaron atrás, y hoy la capital del Alto Paraná se debate en la más absoluta miseria, pasando a convertirse en una localidad desolada, diezmada de visitantes, con comercios que cierran sus puertas para procurar por un horizonte más venturoso y alentador, alejándose así de la galopante crisis que azota a este distrito fronterizo.

Pero, ¿qué hace el Gobierno para revertir esta situación? Hasta ahora no ha movido un dedo para intentar recuperar aquella vivacidad mercantil que siempre caracterizó a Ciudad del Este, cuyas calles, avenidas, centros comerciales, restaurantes y hoteles, estaban abarrotados de turistas. Ahora la realidad es otra, y esos lindos momentos apenas quedaron para el recuerdo.

Tampoco esa ansiada voluntad política nunca se observó en las autoridades locales y departamentales, que poco les importó la suerte de la otrora capital mercantil de la república, que para peor fue sacada de la tradicional “ruta turística”, que permitía que un importante porcentaje de visitantes que se llegaban hasta Foz de Yguazú, Brasil y Puerto Yguazú, Argentina, crucen hasta la capital altoparanaense. El único soñador que lidiaba desde la comuna esteña era el colega Mauro Céspedes, en su calidad de secretario de turismo de la institución municipal.

Esta importante ventaja que ofrecía las agencias de turismo de la región a Ciudad del Este desapareció, porque esta comunidad fronteriza nunca cumplió con ciertas reglas básicas, como seguridad, atención preferencial a los visitantes y lo más importante, transparencia y honestidad a la hora de la transacción comercial en los productos ofertados.

Sin embargo, estos requisitos, prácticamente nunca fueron cumplidos y gradualmente el comercio esteño fue perdiendo confianza y credibilidad por parte de las grandes agencias de viaje y turismo, responsables del traslado de los visitantes a nuestro territorio. A esto hay que sumar un aspecto más que fundamental, la fama de corrupción que se tiene del Paraguay y que ganó siempre notoriedad en el extranjero.

Todos estos pésimos antecedentes llevaron a las agencias de viaje a quitar a Ciudad del Este de la ruta turística, que significó un duro golpe económico al sector comercial y empresarial de la zona.

Pero las autoridades locales no demostraron preocupación por la sanción aplicada, y hasta hoy no se han hecho ningún plan sustentable para revertir esta recesión e intentar volver a ese periplo turístico, que podría oxigenar a la casi muerta economía de esta localidad fronteriza. Pasaron de aquella medida más de 17 años.

Pareciera no importarle casi nada al Gobierno la suerte de Ciudad del Este, que aparte de la terrible crisis que enfrenta, debe lidiar con el alto crecimiento de inseguridad, donde no pasa un día para que ocurra todo tipo de hechos de violencia. El comercio está parado y no se observa ningún atisbo de solución, que permita recuperar la vivacidad comercial de esta localidad fronteriza, que se debate en un terrible dilema, de un comercio floreciente, pasar a convertirse en un palomar, como había presagiado en su momento el extinto y carismático Hussein Taijen, presidente de la Cámara de Comercio de Ciudad del Este. Es hora de la acción y no del discurso. La capital del Alto Paraná tiene que retornar a la ruta turística.

 

 

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