Rosca corrupta tiene vía libre para operar en la aduana del Aeropuerto Guaraní

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Una rosca conformada por importadores y despachantes estaría operando bajo la protección del propio fiscal adjunto y de marcas de Ciudad del Este, Alejo Vera y Marcelo García de Zúñiga, según la denuncia presentada ante la Cámara de Diputados por el abogado Lelis Rubén Olmedo Cano. El profesional acusa a ambos representantes del Ministerio Público, por asociación criminal y frustración de la persecución penal, en el marco de una liberación de cargamento de 18 camiones y 2 furgonetas, que contenían mercaderías, supuestamente ingresadas en ”frío” por el Aeropuerto Guaraní, de Minga Guazú. El letrado solicita al Congreso la profunda investigación del caso y la intervención del fiscal general del Estado, Javier Díaz Verón.
El sistema de importación de productos originarios de China, vía aérea, está monopolizado por un grupo de operadores, liderado por Ricardo Galeano y  sus socios, el cuestionado libanés, Walid Amine Sweid, Juan Carlos Sosa (hermano del polémico letrado Fernando Sosa) y Javier Vázquez.  El esquema, igualmente, tiene la bendición del administrador de aduana del Aeropuerto Guaraní, Alberto Benítez, como asimismo de Dinac, Gerardo Brítez Mussa. El esquema opera hace 3 a 4 años.

Sistema operativo
Los que comandan este esquema cuentan con dos depósitos de recepción en Hong Kong y varios en Ciudad del Este. La admisión de mercaderías se realiza en el aeropuerto Guaraní, con cargueros que soportan hasta 110.000 kilos por vuelo. Los vuelos cargueros son semanales. Los productos son principalmente copias genéricas, algunos con marcas registradas en Paraguay, que son similares de softwares  y hardwares, tecnológicamente desarrollados por grandes corporaciones.
Basta citar un ejemplo, las réplicas idénticas a teléfonos inteligentes de conocidísimas marcas, tablets, memorias, accesorios para teléfonos, decodificadores satelitales,  entre  otros de gran salida en la actualidad. Muchos de estos productos vienen sin marca, y se les denominan “genéricos”. Luego de entregárselos a los clientes, los comerciantes aplican sobre los artículos “tickets” de plástico que simulan las marcas de preferencia de los consumidores.
Los precios entre los falsos y los originales se diferencian abismalmente. Por ejemplo, un teléfono Iphone 3 de réplica, cuesta cerca de 100 dólares americanos, mientras que el original se aproxima a los 1.000 dólares. El consumidor lo compra a sabiendas o, en ocasiones, es burlado y se lo venden como original. Otro hecho curioso, en las cargas de relojes, una vez arribadas a destino, llamativamente no se permite abrirlas.

Choque de fiscales
Dentro de todo este esquema, también no deja de llamar la atención el procedimiento del fiscal Marcelino González, quien sin tener atribución quiso tomar intervención sobre los camiones retenidos en Algesa, momento en que también se hizo presente en el lugar, el fiscal de marcas, García de Zúñiga, donde se produjo un fuerte intercambio de palabras entre los dos representantes del Ministerio Público. ¿Cuál habrá sido el interés, para que ambos representantes de la ciudadanía, hasta casi lleguen a los puños?
En este monopolio están involucrados los importadores, los aduaneros, fiscales, jueces, políticos, comerciantes del centro de CDE y hasta periodistas.

Proceso
El proceso empieza con la captación de carga en Hong Kong. Luego se pasa un presupuesto que suma el despacho más el flete. Por teléfonos inteligentes genéricos cobran 2,20 dólares la unidad, que incluye flete de 10.50 dólares por kilo, más despacho, entregado en depósito. Si eventualmente los teléfonos ya vienen con marcas, se cobra hasta 4 dólares la unidad, más flete 10.50 por kilo.  Esa diferencia es para pagar a aduaneros, abogados marcarios, fiscales y otros involucrados en el esquema.
Cada carguero paga actualmente unos 2.000 millones de guaraníes en concepto de gravámenes aduaneros. Eso implica que abona en promedio unos 18.000 guaraníes por kilo de mercadería. La ecuación que se aplica para el pago del impuesto es por kilo.
Es de común acuerdo entre la aduana y el grupo de Ricardo Galeano, para subvalorar y evadir al fisco. El pago de los gravámenes no se aplica en realidad por partidas arancelarias, sino por peso, para evadir el pago de tributos y sacar ganancias para los fleteros y aduaneros. El esquema se ha perfeccionado de tal manera, que la desaduanización de los 110.000 kilos por vuelo se hace sin verificación. Si la mercadería llega al aeropuerto a la noche, para primeras horas del día siguiente sale de la aduana sin siquiera ser abiertas las cajas.
A modo de ejemplo, se puede citar el último procedimiento fiscal que derivó en la retención de 18 camiones y dos furgones con mercaderías liberadas por la aduana del aeropuerto Guaraní el pasado viernes 24 de mayo. No portaban con copias del despacho en el momento de la intervención fiscal y fueron derivados a la aduana de Algesa. No quisieron entregar los documentos al fiscal interviniente porque se desnudaría el esquema, porque no iban a coincidir las mercaderías y las declaraciones del despacho, que no tenía aún, al solicitar las facturas de origen y las listas de empaque, no coincidirían con las mercaderías incautadas. La denuncia era, efectivamente, por producción de documentos no auténticos, no por marcas. Sin embargo, el fiscal adjunto rápidamente tomó parte y para evitar que todo el sistema quede a la luz, cambió de asignación fiscal, para evitar que las mercaderías sean contrastadas documentalmente. No hubo voluntad de investigación fiscal ni aduanera, liberándose las mercaderías lo más rápido posible, para eliminar el cuerpo del delito. Tampoco se quiso mostrar el detalle visual de las mercaderías, porque se descubrirían las réplicas y copias genéricas.
Para establecer que el esquema de subfacturación e ingreso de mercaderías genéricas es una asociación ilícita para delinquir, sólo hay que hacer estudio matemático de todos los despachos realizados por las empresas importadoras.
Al sumar los despachos y dividirlos por el peso, resulta en un histórico de aproximadamente entre 17.000 a 18.000 guaraníes por kilo, lo que es imposible en la práctica, por la variedad de productos que vienen en el carguero. Cada producto paga un gravamen diferenciado, lo que haría imposible promediar por vuelo o carga un valor, que sin embargo resulta por kilo en el aeropuerto Guaraní.

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