Se despereza el gigante vecino y Sudamérica siente el remezón

274

Si Brasil estornuda, Sudamérica se resfría, según la predicción de connotados analistas políticos. Los acontecimientos en el país vecino producirán remezones en Paraguay y en los otros vecinos del continente, dada la vinculación estrecha con el otro lado de la frontera y más aún porque el despertar ciudadano de los brasileños va en serio, debido a que implica la búsqueda de un modelo diferente.

Algo está pasando en Brasil, es el comentario general en el mundo, ¿pero de qué se trata? Por qué la reacción airada de la gente en las calles y las protestas contra el Gobierno en plena puesta en vitrina de la pujante potencia emergente durante la Copa de la Fifa? 
Algunas de las causas del descontento popular ya se podía entrever hace algunas semanas con la persistente reducción de los compradores “sacoleiros” en Ciudad del Este y las otras ciudades fronterizas paraguayas. En una palabra, hay indicadores evidentes de una reducción en la capacidad de consumo de la población brasileña por una política monetaria orientada a enfrentar el creciente déficit en las cuentas públicas del país.
Las multitudes que los pasados días tomaron por su cuenta las avenidas de las principales ciudades brasileñas mostraron al mundo, con el infaltable aporte de grupos minoritarios vandálicos, que el Brasil se ha despertado y que la ciudadanía del gigante país continente de Sudamérica ya no tolerará de ahora en adelante el cinismo de su clase política al conducir un sistema alejado de la realidad cotidiana de millones de sus ciudadanos sumidos en la pobreza.

Motivo inicial:
el transporte
público deficiente
La protesta fue iniciada por un movimiento a favor de la gratuidad en el transporte público en Sao Paulo, denominado Passe Livre, por motivo del alza en el precio del boleto. Pero con el correr de los días los manifestantes se desplegaron espontáneamente en casi un centenar de urbes brasileñas para mostrar su descontento coincidiendo con la demostración de fuerza de la potencia sudamericana durante la Copa de las Confederaciones organizada por la Fifa como paso previo al Mundial de Fútbol del año que viene.
Llama la atención este hecho que podría haber sido motivo de orgullo para los brasileños, como es la construcción e infraestructura alrededor de imponentes estadios, pero el espectáculo armado apareció más bien como una suerte de bofetada al ciudadano común, al llevar gastados el Gobierno casi US$ 15 mil millones, mientras son visibles las carencias en materia de infraestructura en las ciudades, de transporte público, educación y salud.
La economía de Brasil prosperó mucho en los últimos diez años, lo que permitió la incorporación de millones de sus habitantes a la clase media procedentes de la franja más pobre de la población, pero esta misma gente es la que protesta en estos días, porque el aumento del ingreso supone inmediatamente la capacidad de reclamar mayores prestaciones que el Estado brasileño históricamente no fue capaz de brindar a sus ciudadanos.
Si a esto se agrega que el crecimiento económico más lento de los últimos meses no contribuye a dotar de recursos adicionales al Gobierno para atender los crecientes reclamos sociales, la gota que colmó la paciencia de los brasileños fue evidentemente la escalada de la inflación empujada por la devaluación del real y el creciente deterioro del balance fiscal. De allí que vincular el creciente déficit de las finanzas estatales a las obras orientadas a albergar el Mundial de fútbol 2014 y las Olimpiadas de 2016, lleva a realizar las protestas en coincidencia con la Copa de Confederaciones de 2013.
Pero el factor que más motorizó la molestia de la gente es una clase política incapaz de articular puentes con la sociedad, cuya realidad por lo visto nunca terminan de entender, o, si lo hacen, cínicamente ponen la mirada hacia otro lado y los políticos se dedican más a la atención de sus propios intereses hasta caer en corrupciones denunciadas con creces en los medios de prensa. Entonces, las protestas masivas se hicieron inevitables como respuesta de la insatisfacción.
La ebullición social en Brasil tiene así un trasfondo netamente político, por cuanto grandes sectores de la sociedad no se ven representados por las instituciones y personeros de la política. Una reorientación de los recursos económicos hacia finalidades sociales es la reivindicación básica de las movilizaciones, por lo que la clase política tendrá que atender esta inquietud o sus días están contados, para ser reemplazada por otra surgida del actual despertar ciudadano.
Un modelo diferente, que dé respuestas satisfactorias a la población que no recibe los beneficios del crecimiento económico y superar el desequilibrio entre las clases pudientes y la población más pobre, sobresale como la síntesis de toda la protesta brasileña.
Este despertar tendrá sus consecuencias, positivas o negativas, se den o no se den las respuestas adecuadas, en los demás países sudamericanos, entre ellos el Paraguay, cuya economía y comercio dependen en grado sumo del camino que toma el vecino.

Escribe:
Luis Alen

Facebook Comentarios

Compartir