Se estanca la producción de soja y la causa ya puede ser política

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Escribe: Luis Alen.

 

Después de haber superado 9 millones de toneladas en la cosecha de 2013, la producción de soja en el Paraguay seguirá estancada en 2016 sin poder superar las 8 millones de toneladas como en las zafras de 2014 y 2015, según las previsiones de empresarios ligados a este agronegocio.

Habitualmente, se suele achacar la falta de impulso para superar lo sembrado y cosechado hace tres años al precio internacional descendente o a condiciones climáticas, pero los agroexportadores empiezan a reconocer que existe un nuevo factor que inhibe a los productores a invertir más, y es el hecho de la incertidumbre política que agobia al campo paraguayo.

Los hombres de campo ven como un tema político indudablemente la creciente inseguridad personal y jurídica que los afecta, en forma notoria motivada por los ataques contra la propiedad y los amedrentamientos que reciben por parte de las organizaciones campesinas contrarias al cultivo de la soja y al uso de los agroquímicos junto a sus poblados.

Asimismo, en el norte del país campean a su libre albedrío grupos armados irregulares que el Estado no es capaz de eliminar, y que precisamente son también contrarios a la implantación de los sembradíos de la oleaginosa.

Buena productividad

Como una demostración de que el problema no es tanto de costos ni de rentabilidad, técnicos consultados han confirmado que la soja paraguaya es de las que más presenta buena productividad entre los países referentes en la producción de la oleaginosa.

En 2013, la producción fue de 9.500.000 toneladas y se sembraron 3.200.000 hectáreas, lo que arrojó un promedio de alrededor de 3.000 kilos/ha. En los años siguientes, el rendimiento bajó, mientras se mantenía sin variaciones la superficie cultivada.

El reto de la nueva campaña 2015-2016 es incrementar el rendimiento por hectárea, pero los productores posiblemente no se arriesgarán a más inversiones cuidando sus costos, más aún en un contexto de precios internacionales bajos, según los técnicos de la Capeco (Cámara de Exportadores de Cereales y Oleaginosas)

Por lo que no se animan a decir es que, en realidad, la rentabilidad del rubro sigue siendo elevada, a pesar de todo, y que la razón de la renuencia a impulsar más la productividad sería la incertidumbre por la falta de seguridad para las inversiones en el campo paraguayo, lo que está incidiendo también para inhibir el incremento de la superficie cultivada.

Una vez que los productores se den cuenta que el Gobierno se pone firme y les garantiza la seguridad física y jurídica, es un hecho que la productividad de la soja volverá a niveles como los de 2013 y la producción hasta podría rondar las 10 millones de toneladas con mucha facilidad, incluso con el aditamento de un leve incremento de la superficie cultivada, pasando la misma a 3.300.000 hectáreas, según las previsiones del Consejo Internacional de Cereales (IGC)

Efectivamente, el IGC estima que para 2018 podría darse este incremento, en base al aumento de la superficie cultivada y un rendimiento por hectárea de 3.000 kilos.

Pero todo dependerá del factor político, admiten las fuentes consultadas en el ámbito de los agroexportadores.

 

Es que el ciclo actual de bajos precios en el mercado internacional obliga, de por sí, a aumentar la productividad, pero tanto el incremento del área de siembra como la realización de más inversiones en el campo ya dependen en última instancia de la apreciación que tengan los productores de que existen las garantías suficientes de seguridad y ambiente adecuado para la culminación exitosa de la temporada agrícola.

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