Se inició riguroso control en aguas del río Paraná y el lago Itaipu

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Con el objetivo de reducir episodios de accidentes en las aguas del río Paraná y lago Itaipu, se inició el pasado fin de semana la “operación verano” de fiscalización y concienciación en la margen brasileña de ambos afluentes. La tarea está cargo de militares de la Capitanía de Puertos (Marina) con asiento en Foz de Yguazú, Brasil.

 

La medida busca intensificar las fiscalizaciones de embarcaciones que navegan en la región fronteriza, además de la concientización de los conductores. Las acciones a ser desarrolladas por la institución militar se extenderán hasta el mes de marzo del 2015, según se confirmó días pasados.

“Actuaremos en dos frentes durante la operación. La primera en lo que respecta a la fiscalización propiamente. Nos compete controlar las condiciones de las embarcaciones, verificar la existencia de equipamientos de seguridad obligatoria y verificar las condiciones de habilidad del conductor. La otra es de carácter educativo. Esta será desarrollada en coordinación con entidades náuticas, clubes y organizaciones de pescadores”, explica Alexandre Ernesto Correia Sampaio, capitán de la Capitanía de los Puertos del Río Paraná.

Los militares van a actuar a lo largo del río Paraná y lago Itaipu. Para una mejor cobertura se tendrá un refuerzo que vendrá del Estado de Río Grande del Sur, que serán incorporadas para contribuir con las actividades de fiscalización y apoyo técnico necesario. Un helicóptero también estará a disposición.  “Todo eso pera incrementar aún más las acciones preventivas de orientación, educación y fiscalización. Nuestro objetivo es combatir accidentes náuticos e infracciones a la ley de seguridad en el tráfico fluvial”, aseguró.

 

Tres muertes

Solamente en el lado brasileño de enero a noviembre, la Capitanía de Puertos en Foz de Yguazú, en episodios distintos, se registraron accidentes con tres casos de muerte. Con el calor, el volumen de embarcaciones que circula en las aguas, tanto en el Paraná como en el lago Itaipu se incrementa ostensiblemente. “Ante esta situación, es sumamente importante conseguir concienciar a la población sobre la forma segura de navegar, lo que implica  prestar la atención debida a los requisitos básicos de seguridad”, alertó.

Entre otros aspectos se recomienda la correcta realización de manutención, tener a bordo todo el material de salvataje, respeto a la capacidad máxima de la embarcación, tener chalecos salvavidas para todos los tripulantes, mantener los extintores de incendio en buen estado, dentro del plazo de validez.

Igualmente se recomienda al salir informar del plano de navegación al club al que pertenece y a la Marina, además de conducir la embarcación con prudencia, en velocidad compatible, para evitar accidentes, mantener distancia de playas y bañistas, respetar la vida, ser solidario y prestar socorro en casos de emergencia.

 

Irregularidad  

En el lado paraguayo no se anuncia controles similares. De hecho desde la zona de las Tres Fronteras hasta el barrio San Rafael, se observa un gran movimiento de canoas que cruzan de un lado a otro del río Paraná, sin ningún tipo de control.

La mayoría transporta mercaderías, intentando ingresarlas de contrabando a  través de puertos clandestinos que operan en la margen brasileña. La intervención militar y de la Policía Federal brasileña de estos puertos en más de una oportunidad derivó en enfrentamientos a tiros con los contrabandistas en el río Paraná.

La situación es igual, pero con dimensiones mucho mayores en las aguas del lago Itaipu, donde opera toda una organización que utiliza grandes embarcaciones para el transporte de drogas y cigarrillos de contrabando. La situación es de público conocimiento, pero en raras ocasiones organismos de control aduanero y seguridad, como la Aduana o la Marina paraguaya, han intervenido en estos puertos clandestinos. 

El lago artificial es el séptimo del Brasil en tamaño, con 29 millones de metros cúbicos y casi 200 kilómetros de extensión en línea recta, desde Foz de Yguazú hasta Guairá. Considerando las bahías, ensenadas y reentradas, la extensión de la costa brasileña alcanza 1.400 kilómetros.

 

 

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