El presidente de la República no puede decir que no fue advertido por la ciudadanía sobre su acercamiento político al cuestionado dirigente esteño, Javier Zacarías Irún, quien, últimamente, logró que Horacio Cartes depositara en él su confianza.
Sin embargo, hoy haciendo un análisis exhaustivo del escenario político que se presenta al entorno del oficialismo gubernamental, todo lo que se hizo hasta ahora en torno a la enmienda constitucional resultó ser un fracaso. Para peor, el proyectita, diputado Oscar Tuma, retiró el lunes su carpeta, por orden del jefe de Estado, al observar que no correría el plan.
Pero el mandatario no se hubiera encontrado en esta encrucijada si estuviese rodeado de buenos asesores. Pero hoy el panorama reeleccionario cada vez pareciera estar más lejos de Cartes, a quien le traicionó su inexperiencia política, además de dejarse llevar por algunos adulones de turno, como Zacarías Irún, cuya aproximación al presidente tiene otro interés, que no es, justamente, el proyecto de reelección, sino seguir evitando, con “ayuda” de Cartes, la intervención de la corrupta municipalidad de Ciudad del Este.
Cartes ha dejado de cumplir muchas de las promesas asumidas ante el pueblo aquel 15 de agosto del 2013, cuando fue investido como presidente de todos los paraguayos. En aquella histórica fecha dijo con convicción, que el EPP no le marcaría su hoja de ruta; que la transparencia de gestión en la función pública sería su prioridad; que los legisladores no ocuparían cargos ministeriales, entre otros desafíos.
Pero a más de 3 años de mandato, resulta ser, que ninguno de estos compromisos fue honrado hasta ahora. El grupo criminal EPP continúa cometiendo hechos violentos, secuestrando y cegando vidas inocentes; la corrupción se enseñorea en varias instituciones, como en la comuna de la capital del Alto Paraná, y lejos de tomar medidas, se abraza con el “ideólogo” del latrocinio, Javier Zacarías Irún, y ahora para completar, le nombra al diputado Tadeo Rojas, como ministro del Interior.
Lo grave del mandatario es que dice una cosa y termina haciendo otra. Con esta actitud bipolar de Cartes le resta credibilidad y pierde la confianza de la ciudadanía, que indudablemente cifró mucha esperanza en el actual mandatario, de que podría mejorar la situación socio-económica de la población paraguaya, donde el crecimiento de la franja de pobreza se torna preocupante.
Ojalá que el jefe de Estado recapacite y se ponga el traje del pueblo y busque alejarse de aquellos políticos trepadores, que sólo se le acercan para encubrir sus fechorías, como el clan Zacarías, quien movió toda su influencia posible, para tratar bloquear cualquier investigación, que lleve a ventilar la galopante corrupción existente en el segundo municipio más importante de la república, Ciudad del Este.
Cartes es el presidente de todos los paraguayos, por lo que debe poner más empeño y transmitir mayor confianza en la población, para pensar en un Paraguay más justo y equitativo. Pero mientras se pasa abrazando con gente cuestionada por su poco apego a la honestidad, como el clan Zacarías y otros, terminará su mandato como uno de los mandatarios peores posicionados en era pos Stroessner. Y conste que se le advirtió sobre su coqueteo con el clan Zacarías.





























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