Sentido último adiós de la comunidad católica al monseñor Rogelio Livieres

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El monseñor Rogelio Livieres Plano descansa en la cripta de la iglesia Catedral San Blas, donde también descansan  los restos de los prelados, monseñor Francisco Zedich y Agustín Van Aaken. El cuerpo fue depositado el pasado lunes,  tras la Vigilia de Exequias. El prelado falleció el viernes de la semana pasada en la ciudad de Buenos Aires (Argentina) aquejado de una enfermedad.

A las 06:00 horas del domingo llegaron los restos del prelado y fue recibido por el obispo del Alto Paraná, Guillermo Steckling, además de fieles, laicos, sacerdotes y religiosas. Todos los familiares de Livieres estuvieron también en la Iglesia Catedral donde se desarrolló el velatorio.

A las 09:45 se ofició una misa especial, con la participación de los familiares más cercanos, presidida por el P. Andrej Ranl, responsable general del Opus Dei en Paraguay. Una importante cantidad de feligreses estuvo en todo momento alrededor del féretro.

Tanto las parroquias como las organizaciones de jóvenes, parejas guías y otros grupos fueron participando de la vigilia de exequias durante la jornada del domingo, donde tuvieron la ocasión de dar el último adiós al obispo.

Livieres Plano ganó fama nacional e internacional tras un abierto enfrentamiento que tuvo a lo largo de los 10 años que estuvo al frente de la Diócesis de Ciudad del Este. Defendió la vuelta de la Iglesia a sus bases doctrinarias y apuntó a la formación intelectual de los laicos. Formó su propio clero a partir de la creación del Seminario Mayor San José.

Fue nombrado obispo por el papa Juan Pablo II, aún sabiendo de cuestionamientos que surgieron en el seno de la Conferencia Episcopal Paraguaya (CEP). Esto se supo algunos años después de su nombramiento, al revelarse una carta enviada por la CEP. 

Otra carta, que también se filtró, pero esta vez de Livieres dirigido al papa, éste expresó una serie de cuestionamiento a la labor de la CEP. De hecho, su falta de comunión de la CEP, fue la causa por el que finalmente fue relevado del cargo al frente de la diócesis de Ciudad del Este.

Así como tuvo detractores, también tuvo seguidores que apoyaron y admiraron la labor pastoral de Livieres Plano en  Alto Paraná y Canindeyú. Trabajó muy de cerca con los jóvenes, formando líderes e insistiendo siempre en la preparación intelectual y cristiana.  

“Toda la Iglesia ganó un santo, un gran confesor de la Fe. Un obispo que dedicó toda su vida al servicio de la santificación de las almas. Fue perseguido ferozmente, pero él no dejó jamás de rezar por todos los que lo consideraban como enemigo. Dio lo mejor de sí a los fieles, es decir: ¡multiplicó los ministros de Dios en su diócesis! Fundó no solo un seminario, sino varios, entre ellos algunos institutos de formación”, señala parte de la serie de posteos que se pueden leer en la cuenta oficial del prelado en la red social del Facebook, administrada por seminaristas de las comunidades sacerdotales de San Juan.

“En estos lugares hasta hoy se forman los futuros sacerdotes, tan queridos por nuestro amado padre que seguirá rezando por cada uno de nosotros desde el cielo, donde él ya estará en encendidas conversaciones con los santos y ángeles, con las almas de los justos y con su siempre amada Madre, María Santísima. Con lágrimas en los ojos y el corazón puesto en Dios, recordando cada palabra, cada misa, cada confesión y dirección espiritual, este administrador hace este compromiso con todos: «Con Mons. Livieres tuvimos el honor y el privilegio de estar y de combatir en buen combate de la fe. Ahora ya no lo podrán separar de nosotros, siempre estará con nosotros y nosotros con él», añade.

 

Datos

Rogelio Livieres Plano fue doctor en Derecho Canónico por la Universidad de Navarra (España) y especialista en Derecho Administrativo por la Escuela Nacional de Administración Pública de Madrid (España).

 

Fue ordenado sacerdote el 15 de agosto de 1978, perteneciendo al clero de la Prelatura de la Santa Cruz y Opus Dei. Fue nombrado como obispo de Ciudad del Este por el papa Juan Pablo II, el 12 de julio del 2004 y tomó posesión del cargo el 3 de octubre del mismo año.

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