
Escribe: José Martínez
El precio de los tomates subió por las nubes, la estampida se debió a la escasez en el mercado local del apreciado y cotidiano ingrediente del menú culinario.
En algunos mercados, como en el de la capital de la República, un kilo de tomate se cotizó a 13 mil guaraníes el kilo, en casa, se notó la baja calidad y el repunte del precio.
La fertilidad prodigiosa del suelo paraguayo no puede impedir que los tomates u otras hortalizas y productos que el Paraguay debería producir, entren en falta y provoquen el desabastecimiento, si a ésa condición natural no le agregamos un poco de interés político y por sobre todo neuronas, para, en primer lugar: priorizar desde el gobierno nacional el interés por la seguridad alimentaria del paraguayo.
Resulta muy riesgoso y poco inteligente que todo el énfasis productivo esté en el mono cultivo de la producción sojera, por ejemplo, dejando librado al azar, o al mero arbitrio del clima y los vaivenes de la cotización monetaria, los productos indispensables para la nutrición de la población.
Los hábitos saludables de nuestra tradicional alimentación, han sido sacrificados por la comida chatarra importada, causantes de la gradual desaparición de los rubros alimentarios como el maní, el maíz, la mandioca, la batata, el zapallo, el poroto y la cría de ganado menor, que en su conjunto consolidaron alguna vez el mboriahú rybatá, es decir la pobreza digna y sin carencias alimentarias degradantes.
¿Está de más observar que el fantasma del desabastecimiento es el cupií, que con peligrosa facilidad puede destruir la tranquilidad política del país?
El festín efervescente que genera el boom de la soja a contados sectores, no debe afectar el buen tino y la razón del gobierno que debería encargarse de una de sus principales obligaciones; cuidar que la olla del pueblo esté bien provista de insumos, que deben ser producidos aprovechando la fertilidad de nuestra tierra.
El contrabando del tomate, salvó la situación y niveló en márgenes más lógicos el precio .El gobierno tuvo que pisar su palabra de combatirlo ante el desafío del desabastecimiento.
El azúcar, la harina, el tomate, las frutas y las verduras pueden entrar en falta dentro de nuestro mercado si el gobierno no acompaña la gestión de los productores, con acciones de fomento financiero, apoyo técnico y estrategias de comercialización capaces de asegurar el abastecimiento local, con una producción en cantidad y calidad posibles de ser logradas en la fertilidad de nuestro suelo.
Lo dicho obliga a un replanteo general de la política existente, para; a la par del descorche del champaña por el éxito del monocultivo, asegurar el derecho a la soberanía alimentaria del Paraguay.





























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