
Escribe: Luis Alen.
Si hay una industria nacional que se ha sabido amoldar a la realidad del gran “mercado libre” fronterizo, esa es la tabacalera, cuyo liderazgo a nivel país ya trasciende nuestro territorio, compitiendo sin complejos con las grandes multinacionales del tabaco, que ven amenazada su primacía en el plano continental por la atracción que sienten los consumidores hacia las marcas paraguayas de bajo costo y de igual o mejor calidad que las tradicionales fabricadas por la British American Tobacco (BAT) o la Philip Morris International (PMI)
En los últimos tiempos, son frecuentes los informes acerca de las incautaciones de cigarrillos paraguayos en varios países de América Latina y principalmente el Brasil. También han habido operativos fiscales y policiales en territorio nacional, montados al solo efecto mediático de instalar en el imaginario popular la idea de que las empresas locales tabacaleras ingresan sus productos en los países vecinos al margen de las normas aduaneras.
El contrabando de exportación no existe para estas empresas, ya que si exportan lo hacen legalmente, y si venden su producción en el mercado nacional lo realizan pagando todos los impuestos como el IVA, Selectivo al Consumo y Renta.
Las tabacaleras venden sus productos al gran “duty free” fronterizo, hasta donde llegan brasileños, argentinos y de otras nacionalidades, atraídos por la conveniencia de comerciar en el mercado general continental de cigarrillos con marcas de buena calidad y precio accesible para el consumidor.
Tabacaleras: víctimas de su propio éxito
En realidad, lo que está ocurriendo es que las tabacaleras paraguayas son víctimas de su propio suceso, ya que las multinacionales se han propuesto no sólo hacer frente a la creciente competencia acusándole de propiciar el tráfico ilegal de tabaco, sino también han llegado al extremo de pretender empañar la figura del presidente Horacio Cartes, presentándole como el responsable de una red de contrabando y lavado de dinero sin parangón en la historia económica latinoamericana.
Y todo porque Tabesa, de propiedad del jefe de Estado, supuestamente está enviando de forma “ilegal” miles de cajas de cigarrillos al Brasil y a otros países latinoamericanos cuyos mercados han caído bajo el yugo monopólico de las grandes multinacionales. Es el caso de la Souza Cruz brasileña, que fue comprada por la BAT como muchas otras tabaqueras del continente.
A toda costa, la BAT y las demás multinacionales del tabaco quieren introducir en la opinión pública nacional y latinoamericana, la idea de que una de las mayores industrias del Paraguay, como es la tabacalera, se maneja en la ilegalidad, evade impuestos e incluso envía miles de toneladas de cigarrillos al exterior por la vía del contrabando.
A decir verdad, Tabesa representa sólo una parte de la floreciente industria tabacalera paraguaya, que paga impuestos por montos que igualan o superan las cantidades pagadas por el sector cervecero y alcoholero, el más dinámico de nuestro país.
Hasta se podría decir que los clientes distribuidores de la industria cigarrillera del Paraguay sólo aprovechan los canales de comercialización creados por estas mismas multinacionales, que hasta hace algunos años eran dueñas absolutas de las rutas comerciales del tabaco, legales e ilegales, en América Latina.
BAT, por ejemplo, sabe mucho de contrabando y triangulación, porque su afiliada Souza Cruz, prácticamente instaló las redes de distribución de cigarrillos de sus mismas marcas, producidas por ellos mismos, que se exportaban al Paraguay y se volvían a introducir masivamente de contrabando al Brasil, en los dorados años de la triangulación de la década de los 90.
Las estadísticas rememoran que nunca ganó tanta plata la Souza Cruz en el mejor año de la triangulación, 1998, hasta que el mismo Gobierno brasileño intervino para poner punto final al enorme negocio, dictando el famoso decreto que fijó un impuesto de 150 por ciento a la exportación de cigarrillos a los países vecinos.
Al mismo tiempo, se desarrollaban las investigaciones que sobre contrabando y evasión de impuestos se realizaban a la BAT y a la PM en diversas partes del mundo, siendo la más notoria la efectuada por el propio Parlamento británico sobre las actividades ilegales de la British American Tobacco.
Masivos aportes al fisco
En los reportajes que salen en los diarios, la radio y la TV, tanto locales como internacionales, a los cuales surten de información y recursos las multinacionales citadas, se desea instalar el convencimiento general acerca de la supuesta operación ilegal y “perniciosa para la salud pública”, de la industria tabacalera paraguaya.
Sin embargo, la elaboración fabril del tabaco en el Paraguay es una de las más importantes industrias del país, que da ocupación a miles de personas en forma directa e indirecta, además de ser una de las principales aportantes al fisco.
Si se toma la nacionalidad estricta de las empresas principales que aportan a Hacienda, la tabacalera viene a ser la industria privada nacional que tributa más, comparando con las otras grandes contribuyentes, mayoritariamente de origen extranjero.
Así, se tiene que Tabacalera del Este S.A.(Tabesa) se encuentra posicionada entre las primeras cinco empresas aportantes a Tributación, en 2013, ocupando el tercer lugar después de Cervecería Paraguaya S.A. y Telecel (Tigo) S.A.
Los aportes de Tabesa al Estado suman US$ 50 millones anuales en materia de impuestos, sin contar los salarios y demás beneficios sociales, así como el efecto multiplicador de la cadena de producción de tabaco y su posterior comercialización, por lo que fácilmente su contribución a la economía nacional puede llegar a triplicarse, en el orden de los US$ 150 millones. Si se tiene en cuenta que Tabesa representa algo más de la mitad de toda la industria tabacalera privada paraguaya, se puede estimar en unos US$ 300 millones anuales la inyección de recursos a la economía y los hogares relacionados con esta actividad.
Cabe acotar que la industria tabacalera paraguaya está compuesta por seis empresas principales –y no 32 como dicen los voceros de las multinacionales- que aportan al fisco en su conjunto casi US$ 100 millones al año, prácticamente la misma cantidad que ingresaba al Estado por la triangulación en 1998.
Todo esto demuestra, por otra parte, el éxito de una industria nacional que crea fuentes de trabajo y abona sus impuestos, con un efecto multiplicador sobre la economía que triplica los beneficios que podría haber traído al país el negocio triangulador, que era puramente una operación comercial no exenta de visos de ilegalidad flagrantes, con poco efecto multiplicador sobre el resto de la economía y las fuentes de empleo.





























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