Transparencia

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La lucha ciudadana por la transparencia en la gestión pública continúa sin parar en el segundo municipio de la República, Ciudad del Este. Cada vez el pueblo está más convencido que los corruptos ya no pueden ser parte del engranaje de una sociedad, en donde se busca cultivar el bien común para todos, sin distinción de raza, credo y color.

Actualmente el foco de atención es la imperante corrupción que rodea a la municipalidad de la capital del Alto Paraná, que desde el 2001 está en poder de un clan perverso, que prácticamente ha dejado en quiebra técnica la administración comunal. A pesar de las reiteradas denuncias ante la justicia, por los medios periodísticos, los responsables de la institución siguen campantes, amparados bajo la penumbra de la impunidad.

Y como no existen castigos para los que meten la mano en la lata por parte de los organismos pertinentes, la ciudadanía comenzó a movilizarse y a golpear puertas de las autoridades nacionales, para que se investiguen las irregularidades en la gestión del clan Zacarías, que se atornilló en el sillón de la intendencia esteña, y lo más grave, desde hace 13 años no permite que se lleve adelante una auditoría de gestión contable por parte de la Contraloría General de la República (CGR).

Este grupo político convirtió a Ciudad del Este en una “República aparte”, donde la Constitución y la ley son letras muertas. Desde el 2001 el Estado de derecho se ha roto en esta comunidad fronteriza. La única voz sonante en esta parte del país es la de Javier Zacarías Irún, que no respeta a autoridades constituidas alguna.

Él es quien marca las pautas en este distrito, donde casi nadie tiene derecho a opinar, sino sólo a acatar. “Para los amigos todo, para los enemigos la ley”, este es el slogan que está en práctica aquí, por mandato imperativo del ex intendente paranaense y actual líder del movimiento interno colorado, Frente para la Victoria.

De boca para afuera el jefe del clan, Javier Zacarías, funge de demócrata, pero la realidad es totalmente otra, cuando desnuda su verdadero carácter de déspota y tirano. Al aludido político bañado en la eterna impunidad, poco o nada le importa que esté ocupando algún cargo en el gobierno, para maltratar y ofender de palabras a autoridades, legalmente constituidas, como lo acontecido con el hoy ex jefe de Policía del Alto Paraná, Marildo Rojas, a quien le ordenó que acate sus órdenes, que de lo contrario pondría a conocimiento del presidente Horacio Cartes (sic).

Así procede en esta comarca fronteriza el clan Zacarías, que se pasa violando todas las disposiciones legales existentes. Nadie le pone freno, y hace tiempo convirtió a esta localidad altoparanaense en tierra de nadie, donde impera la ley de la jungla, la del más fuerte.

Ante este crudo panorama, una serie de movilizaciones ciudadanas comenzaron a brotar en esta comunidad, y la adhesión a las mismas va creciendo, al mismo ritmo del descontento de los pobladores honestos, que pagan sus impuestos al día y no ven mejorar sus condiciones de vida. Sin embargo, está a los ojos de propios y extraños, la bonanza económica de los miembros del clan, que ven su fortuna aumentar en desmedro del bienestar de los sacrificados contribuyentes.

El clamor por vientos nuevos se siente en cada rincón de esta estratégica comarca, y los reclamos irán creciendo si no se atiende a los múltiples reclamos.

 

Esta ciudad, por su importancia económica y social, merece mejores administradores de la cosa pública, que inviertan en infraestructura y urbanismo, y no despilfarren dinero en maquillaje y obras improvisadas. La capital del décimo departamento, con el presupuesto que dispone la municipalidad, tendría que estar transformada en una metrópolis moderna y progresista, y no la imagen de dejadez y abandono que presenta en la actualidad.

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