Trapos sucios

219

Observando a la justicia y la policía como las instituciones que deben resguardar  los derechos y los bienes del ciudadano, junto a la educación que debería formar a los mismos y, sumado a éstas, el nivel de calidad de la información de la que se nutre la gente, estamos identificando en el conjunto a los insustituibles pilares de la calidad país y al mismo tiempo aquellos parámetros con que se miden la fortaleza de toda nación democrática.
En consideración a que la educación, la justicia y la seguridad son los aspectos más débiles de nuestro sistema, aliento a que hagamos un análisis del perfil de los profesionales que albergan y de cómo ellos son reflejados por el rol de la tarea periodística.
Enfocándonos en nuestro el interés, identificamos a los protagonistas, fiscales, jueces, docentes, policías y periodistas. El comentario, tal espejo, nos devuelve la imagen de nuestra sociedad y aunque incluya el mea culpa del periodismo, se impone por la capital importancia de la gestión que le corresponde a cada uno de ellos.
El maestro que pretende desde su ignorancia transferir la luz del conocimiento se hace cargo de un rol imposible de honrar, el policía que traiciona la confianza del ciudadano, actuando como delincuente, trastoca la lógica del deber que incumplen, el juez y el fiscal corrompidos no son más que engendros deformes de la justicia violada, y el periodista que cierra sus ojos para no ver, sus oídos para no escuchar y calla ante tan graves sucesos, es tan poco ético como  aquel que desde el púlpito periodístico vocifera medias verdades.
El Paraguay está enfrentado a los mayores desafíos de la globalidad, su perfil en la aldea planetaria se está jugando, por lo que el rol de los maestros, fiscales, jueces, docentes, policías y periodistas resulta fundamental para lograr consolidar el desarrollo que permita el buen criterio de sus habitantes, formados con el conocimiento liberador, amparados por las fuerzas de seguridad policial y jurídica y objetivamente informados por un periodismo profesional, de calidad y ética intachables.
El hombre no está separado de la institución y ella, cuando alberga a funcionarios corruptos y antipatriotas, aunque separados de sus cargos tras sus fechorías, la dejan debilitada al punto de la agonía. Nada más perjudicial para el país que la flaqueza moral de sus instituciones.
El Paraguay está iniciando un proceso de inserción global como nunca antes se dio, el logro de las metas de su irrenunciable destino de país soberano, requiere de una fortaleza interior inclaudicable, que permita empoderar a sus habitantes, porque  en ellos  detenta su máximo poder.
Lograr esto sólo será posible si mejoramos sustancialmente la fortaleza de las instituciones representadas por la educación, la justicia, la seguridad y el ejercicio valiente e inteligente del periodismo.

Escribe: José Martínez

Facebook Comentarios

Compartir