
Escibre: Higinio Pitta.
El presidente Cartes, de la noche a la mañana fue político, de la noche a la mañana fue colorado, de la noche a la mañana fue Presidente de la República. Es un señor de ingenio superlativo y un estratega capaz de convertir la noche en la mañana y viceversa. En el primer año de su gobierno metió en una sola bolsa a colorados y liberales y puso como presidente de la dos Cámaras del Congreso de la Nación a los que entonces gozaban de su plena confianza, sin retaceos algunos.
Pronto mandó legislar de acuerdo como pretendía gobernar desde el Palacio de los López, con una visión diferente del Estado. De pronto aparecieron leyes que parecían de cortes dictatoriales pero que terminaron siendo leyes sin ninguna importancia, pues, no sirvieron ni para establecer el orden y mucho menos para garantizar la seguridad en la República. Aparecieron leyes de orientación económicas que pusieron el temor por todas partes, y, que para dar razón a esa gente asustada, terminaron siendo normas jurídicas de alta trascendencia solo para el Gobierno y de nulo valor para el pueblo en general.
De esta manera Cartes empezó a poner en marcha su plan de establecer un Estado fuerte frente al pueblo débil. Tal vez haya aprendido que para ordenar un Estado caótico, se debe empezar enflaqueciendo al pueblo, y creando en frente una estructura poderosa, la que genera temor y disciplina por un buen tiempo y que a su vez siempre deriva en un respeto obsecuente. En principio, inclusive, intentó confundir el Estado con el gobierno y más tarde procuró, sutilmente, someter a los otros poderes con una habilidad tan digna de un gran político.
Pero pronto fue llegando el tiempo del proselitismo colorado. Cartes sabe que un paso en falso en este embrollo partidario puede traerle dolor de cabeza. Entonces se adelantó en crear dos grupos que terminarían siendo los oficialistas y los disidentes, y que hasta el momento solo parecen buscar algún lugar bajo su sombra. Según algunos, creó el grupo de Alliana para debilitar inmensamente a Zacarías, Lilian, Afara y los gobernadores. Al perder el pilarense, lo llevaría de ministro o lo devolvería a la cámara baja y a los otros les daría las gracias, conduciéndolos a descansar en paz dentro de la política. Según otros, es al revés, quiere desprenderse de los senadores colorados y, a tal efecto, creó el grupo de Marito, de manera que al perder éste, vayan a terminar en la cuneta los quince senadores. Hay un tercer grupo que cree que gane uno u otro de los candidatos, nadie saldrá perdiendo, pues todo ya se habría resuelto de acuerdo a los grandes planes del señor Presidente.
Por el momento gana con cierta comodidad Marito en todas las encuestas y se cree que Cartes se alegra igual con esta situación, porque al parecer juega a dos puntas para asegurar la victoria para su proyecto político. Sin embargo, los acuerdos entre bambalinas dentro del viejo partido colorado siempre se han roto más temprano que tarde y la promesa inicial de los senadores de que no hablarían mal del Presidente, no sabemos si se mantendría inalterable hasta el día de las elecciones.
Sea lo que resultare de esta contienda electoral colorada, hasta ahora se ve un solo seguro ganador, el presidente Cartes. Cualquiera que gane la titularidad de la Junta de Gobierno, tendrá en frente a este señor muy inteligente y de mucho poder, con quien tendrá que negociar continuamente para sobrevivir, salvo que caiga nieve sobre Paraguay y, para la decepción o la alegría, sea en tiempo de mucho calor.





























Facebook Comentarios