Afrontar el desafío de hacer las cosas bien e iniciar el crecimiento verdadero del Paraguay requiere tomar una serie de medidas antipopulares, por lo que, quien lo emprenda deberá prepararse para grandes dificultades que le generará el intento.
En el campo de los hechos, hacer las cosas bien, quiere decir entre otras, terminar con el despilfarro de la plata pública, costumbre fuertemente arraigada en las huestes del hoy partido gobernante. Los mismos aliados electorales del nuevo gobierno ayer, son hoy, los más acérrimos oponentes a la idea.
En el caso paraguayo el Ejecutivo que pretenda mejorar el nivel de vida de todos los habitantes de la república, debe renunciar a la luna de miel que todo gobierno vive con su pueblo los primeros cien días.
El desencanto que produce un gobierno que planea el desarrollo es inmediato y contrario al clima de euforia y empatía que producen aquellos populistas que al tomar las riendas del poder gubernativo dan la engañosa apariencia de cambio y bienestar, sólo para que todo siga igual o empeoren las cosas.
No resulta atractiva una propuesta de sangre, sudor y lágrimas, que devendrá de los ajustes de austeridad y control del gasto público, que el poder ejecutivo deberá ejercer, recortando gastos superfluos y privilegios injustificados, propios de las administraciones prebendarías que sostienen el pernicioso clientelismo político, en el que basamentan su permanencia en el poder.
Los indignados colorados que no accedieron a un puesto público y que amenazan con la auto crucifixión, a más de los despidos de correligionarios, son motivos más que suficientes para que se desatara la tormenta hogareña en contra del presidente Cartes.
Las expectativas que genera el nuevo gobierno colorado, en nada se parecen a las anteriores experiencias de la ANR en función gubernamental, curiosamente es la más prometedora y confiable de la época democrática, completa este panorama el hecho que el recién llegado al partido sea el que temerariamente pretenda cambiar las antiguas reglas del juego.
La gestión del nuevo Presidente de la República está sujeta a los resultados que deberá exponer y a juzgar por la presión existente, más vale pronto que tarde. Parafraseando al papa Francisco, HC dijo, si no cumplo con lo prometido “hagan lío en las calles”, con tal expresión todo el país queda suficientemente autorizado a expresar su descontento en el caso de no obtenerse los resultados.
Mientras tanto, es sano suponer que tiene derecho a su luna de miel, aunque más no sea una luna de miel de espera y confianza, hasta que el nuevo rumbo que promete se deje ver mejor, que los anteriores caminos transitados por el país de la mano de otros gobiernos colorados de la llamada época democrática.
Escribe: José Martínez





























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