El argumento esgrimido por el senador Nelson Aguinagalde para abandonar la carpa de la disidencia colorada no tiene el más mínimo asidero legal, reduciéndose a una simple cortina de humo, para confundir a la ciudadanía sobre sus verdaderas intenciones personales.
A un vasto sector de la población altoparanaense, y especialmente esteña, la actitud del parlamentario no extraña de sobremanera, atendiendo a su acostumbrada actitud pusilánime, postura miserable que ya denotaba cuando militaba en las filas del clan Zacarías, carpa de donde nunca hubiera salido.
“Ni mil llamadas de Cartes nos hará cambiar de postura”, fue una reciente y tajante declaración de Aguinagalde a los medios de prensa, cuando el mandatario presionaba a algunos integrantes del entonces G-15, para tratar de desbandar a la disidencia republicana en el Senado.
Pero el parlamentario no llevó mucho tiempo para volver a exhibir su postura zigzagueante, que es una de sus mayores “cualidades” como persona y político. Traicionar la causa, como su mentor político, Zacarías Irún, es algo normal para quienes están acostumbrados a ser serviles u obsecuentes para intereses oscuros.
Con la postura asumida por el senador colorado deja al desnudo que su actitud siempre estuvo condicionada a otras cuestiones más allá del compromiso asumido como representante del pueblo en el Congreso paraguayo.
Aguinagalde es un ejemplo fiel de la fauna política que abunda en este país, que en los discursos pregonan grandes proyectos sustentables para buscar quitar de la miseria a la población, pero en la práctica, anteponen las cuestiones personales o de grupos.
El principal origen de la salida del parlamentario del G-15 obedecería a la fuerte presión recibida por parte del oficialismo sobre las denuncias que pesan sobre él en la justicia, por las presuntas irregularidades en su gestión como gobernador del Alto Paraná.
La finalidad del propio presidente de la República y su entorno más inmediato es buscar resquebrajar la disidencia colorada y así volver a tener dominio sobre los senadores colorados. Por ahora, logró la salida de dos congresistas, atacando las “debilidades”, de quienes hoy abandonaron el proyecto de la disidencia republicana.
La actual disidencia de la ANR, liderada por el presidente del Congreso Mario Abdo Benítez, “Marito”, irá experimentando fuga de sus filas, porque no está preparada para una prolongada lucha con Horacio Cartes, porque tiene que enfrentar al aparato estatal y partidario, además de su poderosa billetera.
El sector disidente tendrá que hacer frente a estas difíciles barreras para mantenerse unido y potenciar el grupo, mirando el 2018, donde deberá definirse las candidaturas con vista a las elecciones presidenciales. En caso de no lograrse la reforma constitucional, Horacio Cartes, estará impedido para su reelección, por lo que el oficialismo tendrá que buscar un postulante, a no ser que retorne la “unidad” en la ANR.
La fuga de los senadores Gustavo Alfonso y éste último, de Nelson Aguinagalde, desnuda la fragilidad de los políticos, que están expuestos su conciencia y su moral a intereses sectarios, personales o crematísticos. El ex gobernador del décimo departamento, con una pequeña “brisa” ya tira la toalla, típico de un timorato.




























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