
Escribe: Luis Alen.
Las previsiones del crecimiento económico para 2015 se mantienen en el orden del 4 por ciento, de parte de organismos nacionales e internacionales, a pesar de que otros datos no son tan alentadores, como el caso de los números decrecientes tanto en exportaciones como importaciones.
Salva la dinámica del PIB en el nivel apuntado, el aumento productivo en las construcciones y en la industria, pero el índice general de crecimiento económico no es el deseado para encarar un proceso de reducción significativa de los malos datos sociales de pobreza e inequidad. Esto porque el país no ha desarrollado su verdadero potencial aprovechando su situación geográfica y la disponibilidad abundante de energía para ser el eje de una integración eléctrica regional.
Acelerar la inversión en obras de generación y transmisión de electricidad será clave en los próximos diez años para lograr un crecimiento económico de entre 6-7 por ciento anual de aquí a 2025.
La potencialidad energética del Paraguay se halla actualmente en meros papeles, atendiendo al hecho de que más del 90 por ciento de la electricidad generada por las dos grandes represas binacionales, Itaipu y Yacyretá, se llevan los países socios Brasil y Argentina, con el agregado de la entrega de esta riqueza a un precio irrisorio por parte de los gobernantes del país desde 1973.
Otra hubiera sido la situación si es que el Paraguay contase con la libre disponibilidad soberana sobre la mitad de la cantidad generada entre las dos represas, que equivale a casi 10.000 MW y vendiera el excedente que no consumiera a los países vecinos a precios de mercado. Pero no es así, los precios de la energía están atados al solo costo de generación y para más datos sujetos al pago de la deuda abultada por causas ajenas al país, pero que se la quiere cargar a nuestra cuenta para continuar con el abastecimiento a precio vil con el fin de subsidiar “sine die” el desarrollo del gran consumo industrial y residencial de Sao Paulo y Buenos Aires.
Pareciera que el Gobierno actual de Horacio Cartes no midiera en su real dimensión el atoramiento que significa para el desarrollo económico del Paraguay continuar con esta situación, ya que el tiempo pasa y no se ven soluciones a corto plazo para permitir que finalmente el país saque provecho de su potencial energético y sea el eje tan esperado de la integración energética regional, por su disponibilidad eléctrica y por encontrarse geográficamente en privilegiada posición equidistante de los grandes mercados consumidores.
El consumo interno de electricidad crece
Confirmando la necesidad de encarar con seriedad el problema energético, el crecimiento vegetativo del consumo eléctrico interno hará que a partir de 2025 se empiece a utilizar casi toda la energía disponible en las dos grandes represas hidroeléctricas. Esto ocurrirá a sólo diez años a partir de ahora, el tiempo suficiente que podría llevar a su vez todo el plan de expansión en materia de generación, transmisión y distribución de electricidad por parte de la ANDE y de otros actores privados.
En vista del visible atasco actual para avanzar en las reivindicaciones en Itaipú y en Yacyretá, no cabe otra alternativa que acudir a la opción de introducir el gas en la matriz energética nacional, con el objetivo de aumentar la generación propia y reducir la dependencia excesiva de las hidroeléctricas en condominio con Brasil y Argentina. El gas natural deberá ser importado de Bolivia a precio conveniente, hasta que también se exploten yacimientos en el territorio nacional, y volver a exportar el hidrocarburo ya convertido en energía eléctrica a los países vecinos, que se hallan cada vez más urgidos por consumir electricidad al precio que sea debido a los problemas que tienen para incrementar su parque generador.
Esta situación plantearía otro escenario propicio para negociar con los socios condóminos en las hidroeléctricas binacionales, presionando para la apertura de un mercado eléctrico a través de un despacho regional de cargas instalado en nuestro país, previa interconexión de Itaipú y Yacyretá con las líneas de transmisión de 500 kV.
Las inversiones requeridas para una generación adicional de 6.000 MW hacia 2025, incluyendo las obras de refuerzo en las redes e instalaciones de distribución, son del orden de los US$ 10,5 mil millones. Esto permitirá convertir al Paraguay en el eje de la integración energética regional, pero encarando los emprendimientos adicionales en Yacyretá-Corpus, Yguazú-Acaray, en los ríos interiores de la región oriental y las plantas térmicas en base a gas, lo cual resulta plenamente factible.
Demás está decir que este tipo de inversión, similar a la que se diera en su momento en la represa de Itaipú en la década del 70 y que posibilitara el gran despegue del desarrollo paraguayo, podría significar un nuevo empuje para alcanzar metas de crecimiento económico y social sin parangón en la historia nacional y sudamericana.
Las condiciones jurídicas y económicas están dadas para el inicio de los procesos de inversión. Todo queda en manos de la decisión política del Gobierno de Horacio Cartes.
A propósito, así concluyó una reciente conferencia el ingeniero Alecsandro Riline, consultor energético de reconocida trayectoria y asesor de la comisión de Energía del Senado: “Hoy el Congreso Nacional mediante las leyes de hidrocarburos, minería, transporte de gas por ductos, productor independiente de energía y la APP, está dando las condiciones para que el Paraguay consolide su integración energética con una visión conceptual que será completada con la necesaria creación del Ministerio de Energía, Minas e Hidrocarburos”.





























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