Vestigios de las inundaciones

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Desde el pasado fin de semana el nivel del arroyo Acaraymi volvió a su cauce normal en el barrio San Rafael, dejando a su paso muchos destrozos, lodo y basura. Personal de la Itaipú Binacional y la comuna local ayudaron a la tarea de limpieza, en el marco del operativo regreso. 
Hasta ahora a hay un fuerte olor en el lugar. La escena que se observa en el sitio impresiona a extraños. Sin embargo, peligrosamente los lugareños se acomodan y están instalándose de nuevo en la villa miseria. La Municipalidad procedió a fumigar el precario barrio, y la Itaipú, con camiones, retiró gran cantidad de basura de los diferentes sectores. 
La tarea de limpieza, de retirar todo el lodo adherido al piso y a las paredes de la casas, llevará unos días más de trabajo, mientras los que estuvieron en la zona más altas, concluyeron la limpieza y  empezaron de nuevo a instalarse en sus casas.
En su momento más crítico, la crecida llegó a afectar a unas 250 casas en San Rafael y cerca de 100 en el barrio Remansito. Hasta la tarde del martes poco más de 30 viviendas seguían bajo agua. “Es un trabajo arduo, pero qué nos resta por hacer, más que limpiar y volver a empezar”, comenta Antonio Gonzalez, vecino del lugar.
Menciona que gran parte de sus enseres quedaron inservibles, pero tuvo la suerte que el agua dejó casi intacta su vivienda. “Saqué parte de mis cosas, pero no creí que iba a crecer tanto. Pocas veces llega hasta mi casa. Yo estoy casi 30 metros del cauce del arroyo”.    

Parado
“Hace dos semanas que estoy parado, sin trabajar. Nuestra parada de taxi quedó inundada y recién ahora (por el lunes) está libre de agua. El perjuicio es cuantioso y difícil estimar. Yo dejé de trabajar, pero muchas familias, además de no poder trabajar, perdieron gran parte de sus cosas, porque esta crecida fue de golpe y muy rápido. Mucha gente no creyó”, comentó Olegario Silvero, trabajador taxista que tiene su puesto cerca de la subcomisaria. 
El trabajador reconoce que toda la zona fue alertada a tiempo de la crecida, pero muchos no creyeron y se vieron después en apuros. “Se les avisó a todos, pero la gente, muchas veces, no cree, nadie esperó que la crecida iba a ser tan grande. Yo hace 10 años que trabajo en la zona baja con mi puesto de taxi  y nunca observé algo parecido. La crecida del año pasado no llegó a afectar a más de 30 casas y la gente pensó que iba a pasar algo parecido, por eso este año la pérdida fue mucho mayor”, añade. 
Pese a la recomendación de las autoridades sanitarias de no entrar en contacto con el lodo, en la práctica ocurre todo lo contrario. El lunes se pudo observar como niños, niñas, adultos y ancianos en medio del lodo estaban tratando de limpiar, para poder acelerar el proceso de regreso a sus respectivas viviendas.  

Nivel
En tanto el martes pasado el nivel del río Paraná siguió descendiendo. En la Estación hidrométrica de Puente de la Amistad, la marca  se estabilizó alrededor de la cota 114,80 metros. Para los próximos días  se estima que seguirá  registrándose un  leve descenso.
El río Paraná, aguas abajo de la represa de Itaipú, como consecuencia de las constantes lluvias, eleva sus niveles, representando el arroyo Acaraymí.  La División de Estudios Hidrológicos y Energéticos de la entidad estudia estas variaciones y emite diariamente informes para las medidas de prevención pertinentes. El aumento del caudal hídrico del río Paraná es cíclico y obedece a varios factores naturales. 

 

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