Violencia familiar: Fases

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Escribe: Abog. Gloria Ramírez.

Lo que señalamos en el presente comentario son las fases de la violencia, como así también a la víctima y el agresor con sus distintas actitudes en cada fase: Fase de Acumulación de Tensiones; Fase de Explosión Violenta; Fase de Separación o Silencio;  Fase de Luna de Miel.

Con la identificación de las fases o el ciclo de violencia, podemos ayudar a la victima a reponerse, antes que sea demasiado tarde.

La Fase de Acumulación de Tensiones comprende una serie de situaciones que se señala a continuación.  La mujer desarrolla el siguiente comportamiento: Asume una actitud sumisa; ella trata de controlar los factores externos que puedan provocar violencia; se siente culpable de la situación; se aísla y  no pide ayuda; trata en lo posible de minimizar la situación de violencia en que fue sometida; Siempre niega la importancia de lo sucedido; confía que el mal momento se pasará muy pronto y que su realidad será diferente con un cambio de parte del agresor.

Por su parte, la Fase de Acumulación de Tensiones señala lo siguiente: Comportamiento del hombre: Considera que tiene derecho a dañarla; lo hace para educarla; la sumisión de la mujer refuerza el dominio del hombre; incrementa paulatinamente su condición de abusivo y controlador; no es violento en todos los ámbitos, sino fundamentalmente en el hogar; sólo modifica la violencia ante un control externo.

Fase de Explosión Violenta: Comportamiento de la mujer: Se aísla aún más, debido a que presenta lesiones visibles que desea ocultar; se atemoriza y deprime; algunas veces es el momento en el cual reacciona y pide ayuda; a veces lo abandona y se va del hogar; por temor acepta comportamientos aberrantes.

Fase de Explosión Violenta: Comportamiento del hombre: Se cree que tiene derecho a golpearla; es controlador en exceso; es celoso y posesivo; destruye aquellos objetos que son significativos para su mujer; no toma conciencia del daño que ocasiona; pierde el control.

Fase del Silencio: El comportamiento de la mujer es la siguiente: En esta fase, la mujer por su lado se esconde; llora; no duerme; siente culpa; trata de rever su situación siempre con un enfoque de perdón hacia el agresor; se mantiene cauta y serena.

Fase de Luna de Miel: Comportamiento de la mujer: Se siente con ánimo y hace consultas; tiene esperanzas de que no se repitan los sucesos de violencia; quiere y se aferra a la necesidad de que sea cierto que él ha cambiado; se sigue sintiendo culpable de haber provocado la situación; comienza a dudar sobre las decisiones previamente tomadas; si ha dejado el hogar puede volver; si ha iniciado acciones policiales y/o legales puede retirarlas; si ha comenzado un tratamiento psicológico o a concurrir a un grupo de autoayuda, puede abandonarlo.

La evaluación de riesgo que se puede hacer en este ciclo es la siguiente:

Modalidad: unidireccional/bidireccional; crisis accidentales (pérdida de empleo); crisis coyunturales (período pre o post divorcio, entrada en la adolescencia de hijos); crisis de desvalimiento (discapacidad física o mental de uno de los integrantes); antecedentes de violencias en las familias de origen y de creación; duración del vínculo; situación que genera el pedido de ayuda (insultos, amenazas, golpes); registro de la mujer de la situación de violencia; agudización de la violencia; cambios en la relación, en la conducta del agresor (adicciones, alcohol); exteriorización de la violencia en el ámbito público; patología psiquiátrica de algún miembro de la familia; revelamiento de secretos familiares (infidelidades, abusos sexuales); posesión de armas, uso con fines intimidatorios; reacción del hombre ante denuncias previas; existencia de proyectos propios de la mujer (nuevos trabajos, amistades o pareja que genera aumento de hostigamiento, control o celos por parte del agresor); manifestaciones de violencia hacia los hijos, o que estos intenten defender al agredido; amenazas de muerte o intentos de suicidio; diversidad e impredictibilidad de las situaciones de violencia.

 

Todos estos factores señalados, y que son estudiados por los sicólogos para poder entender el comportamiento de las víctimas, como también del agresor, nos abren las puertas para poder identificar la existencia de la violencia en  nuestro entorno inmediato y mediato.

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