Violencia intrafamiliar: sus consecuencias en niños y niñas

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Escribe: Gloria Ramírez.

Se puede decir, sin temor a equivocarnos, que unas de las consecuencias  más graves que traen para un niño o una niña  vivir en un entorno familiar violento, serían: problemas de agresividad, dificultades de interacción social, tendencia a interpretar de modo hostil la conducta de los otros, baja autoestima, y, problemas de egocentrismo cognitivo y social.  

La violencia afecta fuertemente al menor en su desempeño escolar, primero que todo en el  rendimiento académico y sobretodo en la interacción de éste con sus demás compañeros, con la profesora y otros miembros de la institución; ya que debido a todos los problemas y traumas que vive, no puede tener un buen desarrollo emocional, social y cognitivo. 

El plantel docente debe estar muy atento a las conductas negativas que presenten sus alumnos. Además, y muy importante, deben tener conocimiento del contexto familiar en el que viven los mismos, para evitar que esta problemática se siga presentando. 

Los niños y niñas no son víctimas sólo por ser testigos de la violencia entre sus progenitores, sino porque ‘viven en la violencia’. Son víctimas de la violencia psicológica, a veces también física, y crecen creyendo que la violencia es una pauta de relación normal entre personas adultas.

Se entiende por violencia familiar cualquier acto que ponga en riesgo la salud física y emocional de una persona, mediante el uso de la fuerza o las amenazas. 

Es, además, un problema social que afecta, sobre todo, a las poblaciones más vulnerables en función de su sexo, edad y condiciones físicas, entre las que se comprenden mujeres, niñas, niños, personas adultas mayores o con alguna discapacidad.
La violencia familiar no diferencia sexo, raza, edad o condición social; se produce en diversos escenarios de la sociedad.

Un hogar que vive en la práctica cotidiana de violencia, donde el hombre agrede física o verbalmente a la mujer delante de sus hijos o hijas, va a convertir a estos últimos también en víctimas de esa violencia.

La violencia intrafamiliar afectaa los menores,  en primer lugar, por perjudicar su desarrollo evolutivo a corto, mediano o largo plazo; inevitablemente les origina secuelas físicas, emocionales y psicológicas. Se vuelven más vulnerables que aquellos que viven en hogares pacíficos.

Los niños y niñas afectados por la violencia ejercida por sus padres, pueden sufrir de insomnio, falta de concentración y escaso rendimiento escolar, enuresis, terrores nocturnos, falta de apetito, ira, depresión, estrés, ansiedad, entre otros.

El menor que presencia las peleas entre sus progenitores, reaccionará con violencia y sufrimiento movido por la angustia de ser parte del modo de actuar violento de sus progenitores. Muchas veces aprenden a reprimir sus emociones o necesidades, y a estar siempre alertas ante cualquier hecho que pudiera suscitarse en el hogar.

Los hijos e hijas de la violencia no siempre van a ser consecuencia de situaciones violentas en su hogar; el hecho de que sus padres no lleven una buena relación, tengan un trato frío; que compartan el mismo hogar, pero sin amor, y que no se separan por no afectar a sus hijos, puede ser igual de perjudicial para el niño o niña.

 

Si las parejas que sostienen una mala relación son indiferentes o están separadas, se preocuparan del futuro de sus hijos e hijas, demostrándoles afecto, así sea por separado, los menores crecerían en una situación menos traumática; y de adultos procurarían modificar ese modelo de conducta, al momento de formar su propia pareja. Si bien no es una tarea fácil educar a un hijo; es importante proyectarse en su futuro evitándoles situaciones confusas de violencia y traumas emocionales; pues ellos, a la larga, son una proyección de lo que recibieron en su infancia.

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