
Escribe: Abog. Gloria Carolina Ramírez.
En estos últimos días se ha venido dando una serie de sucesos violentos, entre cuyos protagonistas estaban hombres y mujeres, integrantes de un núcleo familiar de nuestra sociedad.
Es una lástima leer, escuchar u observar por los medios masivos de comunicación este tipo de crónica que ciega la vida de un ser humano, quien está protegido por leyes y normas de conductas. De ahí la duda y el cuestionamiento, ¿son suficientes las leyes y los reglamentos con que contamos?, ¿eso nos asegura el bienestar?, ¿acaso estos programas y leyes bastarán para cesar los maltratos físicos y psicológicos que se producen día a día?
Es necesaria una protección legal e integral, con sanciones más severas, porque es urgente que nuestra sociedad adquiera nuevos y mejores hábitos de convivencia, de respeto y relacionamiento. Aún en la posibilidad de parecer alarmista, es menester una reeducación en cuanto al trato familiar, el que lamentablemente para muchos está caracterizado por la violencia, el rechazo, la indiferencia y la falta de comunicación.
Para lograr el tan anhelado Cambio en esta situación se requiere, desde un inicio, el replanteamiento de los papeles de la pareja y sus actos frente a los hijos, con el fin de que estos últimos, en el futuro, respondan a las expectativas de sus progenitores, disminuyendo las rupturas familiares y una sociedad menos descerrajada.
Debemos buscar afanosamente las causas que son la semilla de un ambiente familiar hostil y que, consecuentemente, producen una orientación y educación errónea en nuestros niños, niñas y adolescentes.
El Ministerio de la Mujer por medio de los Centros Regionales, lucha constantemente en contra de este flagelo que atañe a una sociedad paraguaya, cuya cultura tiene raíces profundas en el machismo y en la desigualdad de género. Noviembre, mes de la No Violencia, sin embargo, casos y más casos son relatados en las comisarías locales, centros hospitalarios, Fiscalías y Juzgados de Paz.
Con la conveniencia jurídica de manera regular la violencia familiar se fundamenta en la necesidad de encontrar mecanismos para proteger los derechos fundamentales de los integrantes del grupo familiar, frente a los cotidianos maltratos, insultos, humillaciones y agresiones sexuales que se producen en el ámbito de las relaciones familiares.
Si bien es cierto que las manifestaciones de violencia familiar no se producen exclusivamente contra las mujeres, son éstas a lo largo de su ciclo vital- las afectadas con mayor frecuencia. De este modo, la casa constituye un espacio de alto riesgo para la integridad de mujeres y niñas, como también niños y adolescentes; sin excluir a los adultos y adultas mayores, derivándose de ahí precisamente la denominación de violencia doméstica o familiar.
Resulta evidente, sin embargo, que el agente de la violencia no se limita siempre a dichos espacios; encontramos casos de agresiones en las calles, barrios, los Centros Educativos, trabajo; como así en los espacios frecuentados por las víctimas.
Por otro lado, para interceptar a los mecanismos legales de protección frente a la violencia intrafamiliar, es importante precisar primero dos conceptos:¿Cuáles son los componentes de todo aquello que calificamos como mecanismo legal o, de manera más amplia, el Sistema Jurídico?, y ¿a qué acudimos cuando hablamos de Violencia Intrafamiliar?
El sistema jurídico tiene tres componentes básicos: La ley: Es la norma escrita, la que encontramos en los códigos y en las disposiciones legales. Tiene carácter universal para toda la sociedad desde el momento en que se encuentra vigente; La institucionalidad: Se refiere a todos aquellos operadores de la administración pública o privada que están involucrados en la aplicación de este componente normativo, de la ley escrita; El relativo a lo cultural: Alude a la idiosincrasia, a la ideología que está detrás de los aplicadores de la norma.
Estos tres elementos son claves para entender todo lo que significa el problema de los mecanismos legales en una sociedad determinada.
Hecha esta precisión, pasaremos a definir lo que entendemos por violencia familiar. La misma alude a cualquier acción, omisión o conducta mediante la cual se infiere un daño físico, sexual o psicológico a un integrante del grupo familiar -conviviente o no, a través del engaño, la coacción, la fuerza física, la amenaza, el caso, entre otros.
La mayoría de casos de violencia se produce donde existe una relación de poder, de jerarquía. Tanto en los casos de violencia sexual como familiar, podemos apreciar que existe una relación del fuerte contra el débil. Muy rara vez escucharemos hablar de la violencia del niño contra su padre. Por lo general, cuando los hijos expresan violencia contra sus padres se trata de padres mayores, muchas veces dependientes de sus hijos, y de hijos que los superan en fortaleza física.
El elemento de poder puede estar relacionado a la ubicación en el contexto familiar: padres-hijos, tíos-sobrinos; o también por la edad: adultos-niños; o por relaciones de jerarquía: marido-esposa.
Estos son, pues, elementos claves que debemos tener presente al hablar de violencia intrafamiliar.
Este mes de noviembre, una lucha para todos es la disminución de la violencia en nuestros hogares, la toma de conciencia del mal que esto acarrea a la sociedad actual y todo lo que se puede afrontar en la protección a la vida; Derecho fundamental constitucionalmente protegido.





























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