Escribe: José Martínez
La presencia del capital brasileño en Paraguay es un signo inequívoco del avance de un fenómeno que desde el ámbito económico está transformando el país en un territorio “verde- amarelho”.
Desde miles de hectáreas utilizadas para la agricultura, pasando por la presencia de empresas expendedoras de combustibles y otras de no menor importancia, le dan no solo cantidad si no también variedad, al liderazgo rapái en Paraguay.
Con las empresas, las colonias de brasiguayos otorgan al país un acabado curioso y digno de algún análisis de las Ciencias Sociales.
El objetivo declarado por esta política, a la que es afecta los sucesivos gobiernos, es la generación de puestos de trabajo, para la mayoría de los componentes de la mano de obra nacional, calculada en no menos de dos millones de trabajadores.
Una meta de por sí válida y además urgente por su implicancia social y económica.
Las ventajas impositivas de la República, a más de la gran disponibilidad de recursos energéticos y la complacencia de nuestras autoridades, hacen para el interés brasilero, extremadamente apetecible el mercado local.
Los efectos naturales de toda invasión, aunque éstas sean pacificas, son devastadores y deberíamos plantearnos, si esta arremetida pacífica de los brasileños, no guarda alguna relación con la de otros tiempos.
El Paraguay está imperceptiblemente embarcado en una profunda transformación sociocultural, y ello supone la pérdida de valiosos rasgos de nuestra identidad y de las oportunidades para el genio empresarial paraguayo, que debería ser protegido por nuestras leyes, y no suplantado por empresarios extranjeros cuyos beneficios para la República sólo alcanzarán para generar empleo, pero nunca para la proyección del país, acorde con su sorprendente potencial.
El complejo de inferioridad del que somos víctimas, nos hace magnificar la ventaja de las puertas abiertas y no nos permite recordar el episodio devastador del caballo de Troya, actuamos bajo el efecto de la expresión, a caballo regalado no se le mira los dientes, olvidando que los tiempos de la globalidad este tipo de maniobras dejó a muchos países sin el pan y sin la torta.
El Paraguay es atractivo para el Brasil, pero antes debería serlo para los empresarios paraguayos, que en uso de su localía deberían explotar de primera mano sus ventajas y no regalársela a otros por nada, o casi nada.
Es de esperar que estas reflexiones sean tenidas en cuenta, para evitar el despojo de aquello que hoy constituye nuestra heredad, y que con tantas penurias nos legaron nuestros gloriosos antepasados.





























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