El título de este editorial es lo que nunca existió, en ningún gobierno de turno, para tratar de terminar con el grupo criminal, autodenominado Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), que comenzó a incursionar con fuerza en la zona norte del país (Concepción y San Pedro), desde hace aproximadamente 12 años atrás.
Esta banda de facinerosos ya acabó con varias vidas inocentes, de civiles y policías, además de perpetrar secuestros extorsivos, a lo largo de su presencia activa, especialmente en los dos departamentos señalados más arriba. El último caso y que chocó a toda la ciudadanía paraguaya, fue el asesinato del hacendado, Luis Alberto Lindstron Picco, quien en el 2008 estuvo 4 meses en poder del EPP, pagando por su rescate una multimillonaria suma de dinero.
Esto ocurrió durante el gobierno de Fernando Lugo, a quien siempre se lo acusó de proteger a la banda criminal del mal llamado EPP, por su cercana relación con algunos de sus integrantes, cuando el ex presidente era obispo de San Pedro. A pesar de que nunca se pudo demostrar con elementos contundentes, esa acusación quedó instalada en la mente de la ciudadanía y de varios políticos detractores del ex religioso.
Esta duda volvió a aflorar, desde la semana anterior, con la declaración de los Lindstron, quienes acusan a Lugo en ser el “padre biológico” del EPP, porque durante su gobierno, se registraron muchas muertes y secuestros, sin que los organismos de seguridad hayan podido combatir con suceso a los integrantes de esta banda de marginales.
Pero tampoco hubo mejoría tras la salida de Lugo del poder. Federico Franco prometió combatir de frente a los delincuentes del EPP, pero no fue más allá de una retórica, al que nos tiene acostumbrados varios políticos y autoridades de turno.
La ciudadanía se plantea la interrogante, si dónde está el secreto del fracaso hasta hoy del combate a este grupo delincuencial. Será que hay encubrimiento de integrantes de los poderes fácticos, o las fuerzas de seguridad del Estado no están capacitadas, o sencillamente, no existe voluntad política. Uno de estos puntos puede ser clave a la hora de evaluar los resultados en terreno.
Al menos, hasta hoy, no ha sido capturado ningún líder de peso del mal llamado Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP). Cuántos millones de guaraníes ha gastado hasta ahora el Estado paraguayo, enviando tropas de la policía y del ejército, para tratar de aprehender a los delincuentes de este grupo armado, cuyo fin es sólo matar, chantajear, extorsionar, para recaudar dinero y comprar armas, para que se fortalezca la banda.
Por tanto, Horacio Cartes, en el plano de la seguridad pública, uno de sus principales objetivos tiene que ser el de encontrar la fórmula efectiva para tratar de terminar con esta caterva de bandidos, que desde hace años asola las regiones de Concepción y San Pedro, generando zozobra, llanto y angustia en la población paraguaya.
No puede ser que un grupúsculo de gente, que anda al margen de la ley, continúe matando personas inocentes, sin que los órganos de control del gobierno puedan hacerle frente. La ciudadanía toda aguarda con suma expectativa que el próximo presidente de la República, que asumirá el poder el próximo 15 de agosto, pueda demostrar lo que ningún otro gobierno lo hizo hasta ahora, cual es mostrar la necesaria voluntad política para erradicar este terrible flagelo social.





























Facebook Comentarios