Escribe: Luis Alen.
Todo apunta a que la fallida votación sobre el juicio político a los tres miembros de la Corte Suprema en el Senado, que estaba prevista para antes de finalizar el año, se convirtió en un verdadero test de fuerza de una pulseada que definirá el rumbo de la política en el país durante 2015.
Tras haber conseguido el primer paso de la aprobación en la Cámara de Diputados del juicio a los tres ministros, previa renuncia del cuarto involucrado el colorado Víctor Núñez, el presidente Horacio Cartes, junto al Pacto Azulgrana que lleva adelante con el titular de la Cámara Alta y titular liberal Blas Llano, se juega prácticamente su futuro político con la posibilidad o no de la remoción de Sindulfo Blanco, Miguel Oscar Bajac y César Garay Zuccolillo.
¿Por qué HC tuvo que llegar a una instancia de riesgo no calculado, cuando todavía no tiene consolidado el “Nuevo Rumbo” y con una caldeada interna colorada en puerta? Es la pregunta obligada de los analistas, a la vista de la notoria rebeldía del sector disidente colorado a la orden de la cúpula partidaria de votar por el juicio político, dada a su vez tras el pedido presidencial.
Posiblemente, Cartes no vio mejor momento para arremeter contra la Corte y así lograr controlarla, que el actual escenario plagado de denuncias contra los magistrados judiciales por sus conexiones con los “narcopolíticos”, pero no se dio cuenta de un detalle gravitante: una desconcertante “alianza” que surge en el horizonte entre el sector de la izquierda progresista y la disidencia colorada que apunta nada menos que a velar las armas con miras a la contienda de los comicios de 2018.
Una “cuestión de peso”
Faltaban sólo tres votos para llegar a los 30 necesarios para dar la patada a Blanco, Bajac y Garay Zuccolillo, y cualquiera diría que para HC la “compra” de la misma cantidad de conciencias resultaría un mero trámite bancario, pero la cosa no resultó tan sencilla como parecía a primera vista. No es una cuestión de “pesos”, sino una verdadera “cuestión de peso”. ¿Qué pasó para que se empantanara el impulso al juicio político?
Se están jugando aristas fundamentales de la política nacional de aquí a tres años como mínimo, ya que una derrota de HC en el Senado no sólo lo dejará prácticamente atado de pies y manos para salir indemne del ajetreado laberinto de la interna colorada de cara a la titularidad de la junta de gobierno de la ANR y las municipales, sino también se fortalecerá la estrategia de la izquierda de potenciar la figura de Fernando Lugo para la reelección presidencial, así como igualmente saldrá ganancioso Javier Zacarías Irún en su escalada con rumbo a la cúspide del liderazgo partidario colorado.
Así se entiende el raro maridaje político actual entre izquierdistas, zacariístas, filizzolistas y hasta liberales que adjuraron de Llano, incluyendo a la senadora Alfaro, esposa del expresidente de la República Federico Franco.
Los senadores rebeldes explicaron su actitud con el discurso justificativo de que están con el juicio, pero con previa reforma judicial amplia. Como se sabe que tal cosa no ocurrirá, surge nítidamente la consecuencia política de aprovechar la ocasión para sacar lanzas contra Cartes y demostrarle que los vientos de la política soplan a favor de quienes ahora tendrán el real control de la Corte. Es decir, la “coalición líbero-progresista -zacariísta” ha llegado al final de 2014 para marcar el verdadero “nuevo rumbo” a la política del gobierno cartista.
La pelea por el control de la Corte es además un “test-macht” para medir qué instancia política finalmente se encargará de tratar directamente con la corporación mafiosa, porque también está en juego la real dimensión que ha cobrado la “narcopolítica” en el país.
Una efectiva y decisiva lucha contra la corrupción y la influencia de los narcos en la política y en los estamentos del Estado sólo será posible con una limpieza a fondo del Poder Judicial, inficionado como está de conexiones con todo tipo de mafias y arreglos extrajudiciales. Pero está por verse aún si la nueva correlación de fuerzas políticas tendrá el verdadero poder para realizar esta tarea.
Hasta se llegó a decir en la prensa nacional que el cambio de hombres en la Corte no es la solución, y que sólo se estaba distrayendo la atención del tema principal que es el creciente copamiento de los narcos, traficantes y contrabandistas, del aparato gubernamental y judicial.
La falta de votos para el juicio político está demostrando que la corporación política parecería defender a ultranza el “statu quo”, al desafiar hasta al mismísimo HC y no cumplir su orden para el desplazamiento de los ministros. Al final, nadie cuestionó en la “coalición” de senadores la necesidad de llevar una renovación a la Justicia, sino el momento adecuado.
Es porque el problema de fondo resulta político y deriva de la lucha por el poder real en la República. Cuando todo parecía apuntar a que Cartes volvería a subir un peldaño más en su pretensión de consolidarse en el poder y así constituirse en el árbitro eficaz en la pugna por la repartija de la torta de los negocios santos y no tan santos, le sale al paso la corporación política parlamentaria para avisarle: “Horacio, hasta aquí llegaste, no hay más paso”.
En el esfuerzo de evitar su derrota en el Senado, el presidente Cartes está haciendo diversas concesiones, acercando posiciones con grupos que se mantenían relativamente distanciados. Es evidente la importancia de lograr un desenlace positivo para el Ejecutivo, ya que se ha planteado el juicio como un test de la fuerza del Presidente, con relevancia para definir su incidencia en la contienda electoral interna colorada de mediados de 2015, que es la previa para las municipales de noviembre.
Como se puede apreciar, más que la reforma judicial o la remoción de hombres en la Corte, el tema ya se ha vuelto político, por lo que HC tendrá que hacer seguramente más concesiones, en busca de un consenso que por lo visto no fue capaz de conseguir en los meses pasados.
Pero resulta evidente que el presidente Cartes no ha tenido la suficiente cintura política para liderar una opción política dentro de su partido, esperanzado de copar más espacios a nivel nacional con el Pacto Azulgrana. La falta de decisión en cuanto a “qué hacer con Zacarías Irún”, le ha jugado ahora una mala pasada, de la que posiblemente le costará recuperase en los meses siguientes.
Y como coinciden todos los análisis políticos, el fracaso del juicio político representará un duro golpe al Gobierno, desnudará una tremenda debilidad del Nuevo Rumbo y lo expondrá a presiones de todo tipo. A continuación, la inestabilidad política empezará a hacerse sentir, el presidente de la República y consecuentemente la ANR podrían entrar en un acelerado proceso de desgaste.
Resulta el peor escenario posible para iniciar con el pie izquierdo el 2015, por parte de Horacio Cartes. Tal vez por un error de cálculo, o por no haber escuchado las advertencias que se le hacían de neutralizar a tiempo el torbellino que le venía del Este, llamado Javier Zacarías Irún.





























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