Escribe: Luis Alen.
El presidente Horacio Cartes parece saborear su consagración como “gran elector” en la ANR tras la decisión, sin mayor oposición del liderazgo colorado, de otorgar la titularidad de la chapa oficialista para la junta de gobierno a Hércules Alliana Rodríguez, diputado por Ñeembucú.
Pero la imposición cartista produjo un “rebelde” de fuste, tras la negativa del senador Mario Abdo Benítez de cumplir con el pedido presidencial de declinar su candidatura en aras de la “unidad”.
Una primera lectura de los acontecimientos políticos de la semana pasada muestra que Javier Zacarías Irún salió ganando nuevamente de esta escaramuza, sin que HC aparentemente se haya percatado de ello, porque con “Marito” y sus compañeros senadores enfrentados al oficialismo la gobernabilidad está en riesgo en lo que resta del período presidencial de Cartes y como consecuencia de ello la deseada reelección.
“Marito” no quiso ser uno más de la merienda de aparentes sumisos en Mburuvicha Roga la tarde del martes 17 de febrero, de la cual participaron casi todos los demás candidatos, tanto oficialistas como disidentes, entre éstos Javier Zacarías Irún.
En el grupo de 15 senadores que conforman el soporte político básico de Abdo Benítez, figuran los mismos que impidieron el juicio político a tres miembros de la Corte Suprema, en diciembre pasado, pese a la petición expresa del Poder Ejecutivo. Habrá que ver hasta qué punto se mantiene unido este bloque de senadores disidentes, y qué actitud asumirá para empezar una oposición a los mandatos de HC o a sus planes de reelección.
La jugada de Zacarías Irún
A primera vista, aparece una jugada astuta de Javier Zacarías Irún, que dividió prácticamente al cartismo en dos ramas, que responderían en teoría a las órdenes del mismo presidente de la República, pero que, llegado el caso, pueden provocar serios problemas a la estabilidad del Gobierno y poner palos a la rueda de los planes del Ejecutivo.
Zacarías Irún le tiró el palito a Horacio Cartes al declinar su candidatura al mismo tiempo que lo hacía Lilian Samaniego, su histórica rival. La esperada puja Lilian-Javier en la interna no se dará, porque ZI entregó su cabeza en bandeja a HC tras la elección de Alliana como el candidato de “consenso”, satisfecho a su vez por la no digitación de “Marito” Abdo, quien por todos los medios trató de intervenir la municipalidad de Ciudad del Este.
Por ello es que no se puede asegurar que Cartes tendrá un pasar tranquilo de aquí hasta las internas de 2017. Y hasta se puede prever que no le será fácil una vez más digitar al candidato presidencial de 2018 o promover su propia reelección.
En primer lugar está el maquiavelismo del Clan Zacarías, que con seguridad querrá cobrarse sus regalías por haber dado el paso decisivo de apoyo al poco conocido “ungido” presidencial Hércules Alliana.
Zacarías Irún “se allanó con Alliana” al deseo de HC de contar con una junta sumisa. Pero la tranquilidad del presidente tendrá evidentemente su precio en el devenir de la gobernabilidad hasta 2018. ZI no negocia ni da ventajas sin antes pactar beneficios personales o para el Clan.
El distanciamiento entre HC y ZI de los últimos meses, que contribuyó al rechazo momentáneo del juicio político a los ministros de la Corte Suprema, puede que continúe vigente, y su primer test se tendrá si se vuelve a tratar en el Senado la destitución de los tres magistrados en capilla.
El hecho cierto es que Horacio no puede estar del todo seguro de la continuada obediencia y sujeción de Javier a sus dictados, toda vez que el mismo ZI ha dicho que sólo apoyará lo que entiende “es bueno para el país”, con lo cual está señalando que no negociará evidentemente con HC la candidatura presidencial de la ANR en 2018, que para el dirigente esteño es la meta anhelada por años.
Con la declinación de las cinco candidaturas (Zacarías Irún, Lilian Samaniego, Luis Gneiting, Hugo Velázquez y Basilio “Bachi” Núñez) la unidad oficialista en realidad es una especie de pacto de no agresión de las figuras que pugnaban por la titularidad de la ANR.
Se aprecia así una tregua hasta el tiempo de las internas presidenciales de 2017. Por eso no se puede afirmar a priori que la disidencia colorada haya arriado todas sus banderas contra el proyecto hegemónico y de reelección de HC.
¿Puede haber otra jugada de HC?
¿HC quería un candidato “opositor” a la carta, conociendo las ambiciones de “Marito” por posicionarse como líder colorado?
El senador y los demás colegas que le acompañan incluyendo al inefable “Calé” Galaverna, no abjuran todavía de su fe cartista, al menos por ahora. Por eso se puede conjeturar que el mismo presidente, en su jugada de ajedrez político optó por la aparición de una especie de “disidencia cartista” contra la aparente consolidación en el poder partidario de la línea del vicepresidente Afara, para lo cual contó con el obsecuente aporte del líder del Alto Paraná, Javier Zacarías Irún.
Lo que se perfila, entretanto, es el predominio en la junta de gobierno de la tendencia afín a los gobernadores bajo el liderazgo del vicepresidente Juan Afara, ya que se conoce la pertenencia de “Mangui” Alliana al grupo político afarista.
Pero en definitiva, Cartes optó por apoyarse en su vicepresidente, después que éste volvió mansamente al riñón cartista que intentó abandonar hace algunos meses con la mira puesta en la elección presidencial de 2018.
Lo que busca HC con Alliana es que el titular de la ANR no sea una figura con mucha personalidad o arrastre que le haga sombra en su gestión de Gobierno, de aquí a por lo menos dos años y dependiendo del resultado de las municipales, ya que de paso había prometido pintar de rojo el mapa del país.
También el presidente se cuidó de no mostrar una preferencia abierta por ninguno de los postulantes, hasta el punto que la disidencia no se animó a destapar una candidatura unificada a la espera de los movimientos presidenciales, ya que los potenciales opositores son conscientes que deberán luchar contra una aplanadora oficialista con ingentes recursos, tanto del Estado como del bolsillo particular de Cartes.
En el caso de “Marito”, que aparecía en un primer momento como el preferido de HC, se ha comprobado ahora que si era elegido titular de la junta no estaría totalmente sumiso al Ejecutivo, y como prueba está su misma actitud de rebeldía ante el pedido presidencial de descabalgar.
“Marito” ya mostró sus ganas de batallar por el liderazgo político al acusar a sus oponentes en la pugna por el sillón de Caballero de ser manipulados nada menos que por la “narcopolítica”.
La referencia de “Marito” a que los narcopolíticos le cerraron el paso a la candidatura oficial, no hace otra cosa que presentarle como un contrincante real al proyecto de hegemonía del cartismo dentro del centenario partido. Y confirma además la vigencia del poder de los “empresarios de frontera” con sus ramificaciones políticas, nada menos que en la pugna por la cúpula colorada y en la arremetida por el control del Estado.
Esta referencia de Abdo Benítez viene a fortalecer la impresión en las bases de que el oficialismo tiene un candidato impuesto desde arriba, como el caso de Alliana. De ahí que le hubiera sido menos problemático para HC inclinarse hacia una figura más conocida como “Marito”.
Ahora sin el respaldo aparente de Cartes, el senador hasta podría ir creciendo en el favor popular toda vez que se decida encabezar la oposición colorada al proyecto hegemónico presidencial.
Puede ser un error histórico de HC, el haber impuesto un candidato de la mano de Zacarías Irún. Todo dependerá, sin embargo, de las ambiciones de “Marito” y de su grupo de senadores, que ahora se encuentran ante la disyuntiva de hierro de plantearse en serio una corrección del curso que sigue el “nuevo rumbo” cartista, ya posicionado más que nunca para controlar la ANR con el fin de limpiar el camino hacia una eventual enmienda o reforma constitucional que le permita a HC otros cinco años en el sillón de los López.
Como se dice en el lenguaje político de la calle: “en la cancha se conoce a los pingos”. Hay que esperar en los próximos meses de contienda electoral si se está en presencia de una mera candidatura testimonial o frente a un fuerte bloque oponente a la potente armada oficialista.





























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