Entre el uso de los recursos energéticos de Itaipú a favor del interés brasileño y, la aplicación del flujo financiero que genera Alto Paraná, existe una similitud, la primera en contra de los intereses paraguayos y la segunda en perjuicio del desarrollo de Alto Paraná. De toda la producción energética de Itaipú solo una mínima cantidad se destina al uso paraguayo, el resto se la cedemos al Brasil de forma casi gratuita, muy por debajo del valor que esa misma energía cuesta en el mercado brasilero, sin que sepamos a ciencia cierta a quienes y porqué se permite el oculto beneficio del trámite de exportación energética paraguaya al Brasil. Los secretismos delictuosos que caracterizan los acuerdos económicos financieros en el uso de la energía generada por la binacional, dentro de un marco político nada transparente y entreguista, torna confusa la situación, pero por sobre todo y, esto, queda claro, con insostenible e irritante desventaja para el Paraguay.
Que el importante volumen financiero contribuido por el Alto Paraná al presupuesto general de gastos de la Nación, no se parezca en nada a las cantidades irrisorias destinadas por los gobiernos para la inversión pública en la región, es altamente perjudicial para todo el desarrollo del Paraguay, y ello completa el paralelo que presento.
En vez de fortalecer a la región que posee envidiables recursos energéticos, comerciales, turísticos y además con estratégica ubicación geopolítica, los gobiernos sucesivos prefirieron ignorarla, si persisten en esta ausencia del Estado, terminarán con debilitarla e igualarla a otras regiones del país que hoy son subsidiadas con el dinero que genera el Alto Paraná
La urgencia de establecer un nivel de inversión diferenciada para la construcción de obras y estructuras, acordes con el nivel de competitividad a la que está sometida la región, es insoslayable. Ponernos a trabajar desde el Gobierno Central por el fortalecimiento que precisa Alto Paraná, la gallina de los huevos de oro para el progreso paraguayo, debería ser una prioridad del Estado. La política miope no ve que las oportunidades estratégicas de un país deben ser aprovechadas al máximo para el despegue económico, y al mismo tiempo para la construcción de un liderazgo regional o al menos, un perfil que impida el protagonismo de aquello que no beneficie al legítimo interés paraguayo. Alto Paraná, con su capital CDE, la ciudad más contemporánea con el mundo actual que posee la República, e Itaipú, la hidroeléctrica, se parecen en forma y fondo, ambos son monumentales. También idénticas en la ilógica utilización de sus potenciales, mínimamente beneficiosos para el interés paraguayo. Urge la vigencia de una política que sea respetuosa de la prioridad paraguaya, ante que de los acuerdos e ideas que impiden crecer al Paraguay de manera próspera e independiente.
Escribe: José Martínez





























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